El juego del escondite, para entrenar el olfato del perro

Descubrir la naturaleza a través de los sentidos del perro es una de las experiencias más apasionantes que puede tener un cinófilo. El hombre es un animal sordo y casi completamente insensible a los olores. El perro, por el contrario, ha conservado plenamente intactos estos sentidos.

Seguir un rastro junto a nuestro perro y observar cómo olfatea el aire «aspirando» los olores o cómo levanta las orejas al mínimo ruido o rumor es el mejor medio de adentrarse en la naturaleza. Tener un perro debe significar ante todo diversión. La utilización del perro con fines sociales se limita a actividades muy concretas, obligatorias, y a veces bastante complicadas.

La experiencia enseña, sin embargo, que todo es posible en esta vida y que es quizá el propio juego del destino quien nos pone al alcance de la mano un auténtico perro de salvamento o de rastreo. Nuestros amigos poseen un extraordinario talento natural que a veces subestimamos.

Esto se refiere al olfato, el principal sentido del perro. El adiestramiento del animal para el rastreo debe realizarse bajo la vigilancia de instructores cualificados, pero el amo puede y debe inculcar en el animal el placer de la búsqueda. El perro se siente inclinado por naturaleza a husmear y localizar olores. A nosotros nos corresponde inventar todo tipo de juegos para que él utilice el olfato. Una buena idea podría ser el clásico escondite.

Durante un paseo por el campo el amo puede dejar al cachorro en manos de un amigo para esconderse y desaparecer de la vista del animal. El cachorro, que poco después se pondrá en libertad, buscará a su amo de buen grado haciendo uso del olfato. Hay que tener cuidado de no moverse o hacer ruido, pues en este caso el cachorro utilizará otros sentidos, relegando el del olfato.
No debemos escatimar elogios ni caricias cuando el animal nos haya encontrado. Este juego se puede practicar también con otra persona y más tarde con objetos que el amo se encargará de esconder con cuidado.

Cuando hayamos conseguido llevar al animal con una correa de unos diez metros (únicamente para poder seguirlo), nos daremos cuenta de si nuestro perro es apto o no para el rastreo.
El objetivo final de este juego no es adiestrar al cachorro, sino despertar en él el gusto por la búsqueda, sin olvidar nunca que debemos respetar la personalidad de nuestro perro.
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