Educación del nuestros perros

El perro es un animal totalmente dependiente del hombre, un animal que debe integrarse en la vida humana. Cada familia tiene sus rutinas de vida, por eso, cuando llega un nuevo miembro de cuatro patas a casa, deberemos ayudarle. Se trata de un cachorro que acaba de ser separado de su madre y que buscará refugio donde pueda. Pero sin duda, deberá adaptarse y cada uno de nosotros deberá enseñarle a ocupar su lugar en la familia. Naturalmente, nuestro animal tendrá sus propios comportamientos y descubrirá, poco a poco, qué puede hacer y qué no. Cada día le podremos ir enseñando los límites y esto depende de cada uno y de la relación que queramos establecer con nuestro perro. Habrá gente que le dejará subir a la cama y otros que no, pero esto son temas más subjetivos. Pero sobre todo, lo que debemos hacer, es dejarle claro qué puede hacer. Todavía hoy hay demasiados propietarios que no son claros en su mensaje o que son contradictorios. Esto, es un problema para la educación del perro.

Muchas veces los humanos pecamos de enrollarnos mucho cuando queremos decir una cosa y el perro no entiende de frases subordinadas. Al perro se le debe dar el mensaje elemental, ya que todas las otras palabras van a ser totalmente inútiles. Así, si un «siéntate» suele ser un: «Mi querido perro, mi guapo Rex, ¿por qué no me haces muy, muy feliz y te sientas para descansar un poco?», el perro no hará nada de lo que le hemos dicho. Sólo tenemos que pensar en los entrenadores deportivos que animan a sus perros o les indican una estrategia con una o dos palabras. Otro elemento que tenemos que tener en cuenta las personas es que nuestro perro no piensa en las palabras que le decimos ni le pone mala o buena intención. Hay que saber que no le estamos hablando a un colega del trabajo, si no a un perro, que es otra especie. Todo este conocimiento nos ayudará a comprender mejor que un perro hará mejor una cosa si le decimos que lo haga más que si esperamos que lo haga por propia voluntad. Mucha gente se plañe porque su perro no acude a su llamada. Pero es que llamarle con un tono demasiado firme y una actitud rígida le hacen huir más que acercarse. No se entiende el por qué cuando llamamos a un cachorro lo hacemos en un tono muy simpático mientras que con un perro adulto hacemos todo lo contrario. Vamos a hacer una prueba: agacharos y tomad una voz motivadora y alegre. Ahora pensemos que nuestro perro participa en el Tour de Francia. ¿Pensáis que el tono que habéis elegido transmite coraje y valentía? Queremos que se suba solo al coche, que suba las escaleras, que salte obstáculos,… Pero el animal también puede no querer hacerlo, puede tener miedo o puede bloquearse. Con una actitud agresiva ¿vamos a arreglar las cosas?

Un entrenador desbloquea al perro, le transmite energía y nosotros deberíamos hacer lo mismo con nuestros perros. Un perro miedoso afrontará mejor el día a día con un propietario enérgico que le anime a avanzar sin forzarle. Un animal al que le han dejado hacer lo que ha querido puede desarrollar un carácter inadaptado y a veces incluso un tanto peligroso.

Prohibiciones

El perro tiene, obligatoriamente, ciertas prohibiciones que nos permitirán vivir más fácilmente en su compañía y disfrutar de nuestro tiempo libre. Pero también nos podemos encontrar con muchos propietarios demasiado severos en su actitud (visual y gestual) por pequeñas tonterías de desobediencia. El problema aparece cuando el amo debería ejercer un poco de presión sobre el perro, cuando hay un comportamiento inaceptable, pero como siempre le regaña acaba por aceptarlo como algo habitual. Es entonces cuando el perro no reacciona a nuestra orden. Es por esta razón que hay que saber que nuestra actitud debe ser proporcional a la de nuestro animal. La consecuencia debe estar en concordancia con la causa. Pero decirle algo al perro no significa que se lo debamos decir chillando.
Vamos a tomar el ejemplo de un perro que tira de la correa de una manera desproporcionada. El animal no entenderá qué es lo que queremos de él si no se lo decimos. Solo sabrá que siente un dolor. Muchas veces nosotros mismos desarrollamos una resistencia y tendemos a tirar. El secreto: un intercambio con el animal. Habladle como un buen entrenador, calculad el tiempo, es decir, calculad los segundos que tarda en cometer la falta. Así, podremos observar si él anda rápido o somos nosotros los que vamos muy deprisa a la hora de caminar. Entonces debemos reaccionar, lo que significa que con un «tranquilo» lo llevaremos dulcemente hacia nosotros. Debemos aprender a conocer a nuestro perro, sea cual sea su carácter en función de su desarrollo personal. Algunos serán más sensibles a nuestras palabras, pero otros pueden bloquearse rápidamente, de manera que su actitud no sea la mejor.
En fin, la conclusión es que vuestro perro se irá adaptando a vosotros y a lo que le digáis mientras adoptéis una actitud motivadora que le haga avanzar en determinados ejercicios.»
Debemos habituar a nuestro perro a la reacción que queremos enseñarle. Si hace algo bien, debemos animarle y premiarle. Cambiaremos el tono, seremos expresivos y afectuosos, ya que debe entender que ha hecho algo bien. Pero también debemos hacer lo mismo a la inversa. Se le debe mostrar la negativa con un NO y una actitus rígida. Todos estos cambios indican que debemos conocer a nuestro perro, conocer sus posturas y sus reacciones.

 

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