Como llamar a nuestro perro

Un perro joven que, a la llamada de su amo, acuda rápidamente con una actitud abierta y alegre, tiene ya todos los elementos básicos para un buen adiestramiento futuro. Sin embargo, la mayoría de los amos se quejan de una mala respuesta del animal. ¿Por qué no acude un perro a la llamada? Los motivos pueden ser variados y entrecruzarse de manera compleja.
En primer lugar debemos tener presente que el razonamiento del perro es secuencial, con límites bien precisos, sin matices.

Su modo de pensar es blanco o negro, difícilmente aparecen en él los grises; la manera de deducir las cosas es directa. A una acción corresponde, por tanto, una reacción inmediata.
El que lo llamen para castigarlo o para quitarle la libertad (por ejemplo, al final del paseo) o para imponerle cualquier forma de privación o de coerción, lo inducirá a asociar la acción del reclamo a un concepto negativo, y por consiguiente elegirá la reacción de signo contrario: el alejamiento y, por tanto, la desobediencia. Se aconseja comenzar el adiestramiento del reclamo a muy temprana edad, durante uno de los habituales paseos por lugares conocidos y seguros. Tumbado el cachorro en el suelo, sin ningún tipo de atadura, nos apartaremos despacito, dejando que nos siga, se aleje o simplemente se distraiga.

En cuanto la atención del perrito se haya centrado en alguna cosa y se aleje de nosotros, daremos una orden seca, pronunciando simplemente su nombre, e inmediatamente nos alejaremos de él a paso muy rápido o, a ser posible, corriendo. El cachorro asociará su nombre a la posibilidad de permanecer aislado del resto de la manada y, por tanto, su reacción será volver corriendo hacia el amo, quien, al regreso del cachorro, lo elogiará y lo acariciará efusivamente devolviéndolo a la libertad; tal vez vaya junto a él en busca de aquel objeto que tanto había despertado su curiosidad. Más adelante, cuando el cachorro haya adquirido mayor seguridad y la posibilidad de permanecer aislado no le preocupe tanto, podremos también mostrarle nuestro enfado por no acudir en seguida, enfado que cambiaremos de inmediato en calurosos elogios, en cuanto el animal dé muestras de venir hacia nosotros.
Ahora ya podremos trabajar con la llamada, porque el hábito de regresar al oír una orden estará ya fijado en el perro joven.

En las pruebas de trabajo el ejercicio del reclamo se realizará haciendo que el animal se tumbe; el guía, alejándose unos pasos y tras una pausa de algunos segundos, le llamará. El perro debe responder en seguida a la orden y regresar corriendo junto al guía, colocándose frente a él en la posición de sentado.
Los amos, potenciales guías en pruebas de trabajo, pueden practicar este ejercicio con sus cachorros de forma Indica.

Al principio servirá la ayuda de un amigo voluntario. Eligiendo como lugar de trabajo un buen prado donde no haya ningún peligro, dejaremos al perro en manos del colaborador -escogido a ser posible entre personas a las que el perro no conozca- y luego nos alejaremos de ellos a buen paso. Al llegar a una distancia de unos cincuenta pasos, nos detendremos y, llamando al cachorro en voz alta, nos echaremos al suelo intentando desaparecer de la vista del alumno.

La espera de unos diez segundos preocupará lo bastante al animal, creando en él el estado psicológico adecuado. De repente nos pondremos de pie y, llamando al perro, nos alejaremos unos metros más a la carrera. En ese momento el colaborador aflojará la correa que retiene al alumno, dejándole correr hacia nosotros. En realidad el cachorro se abalanzará hacia nosotros, cubriéndonos de besos a su llegada. Nuestras caricias y nuestros elogios reforzarán positivamente la respuesta del perro, y esta actividad no tardará en convertirse en un divertido juego que siempre será motivo de alegría para el cachorro.

Más adelante, cuando el perro haya aprendido a quedarse quieto en el suelo, ya no será necesaria la intervención del ayudante, y podremos continuar la tarea en solitario. El perro regresará de inmediato y entonces le pediremos que se detenga un momento ante nosotros para recompensarlo, por ejemplo, lanzando una pelota de tenis, lo que enriquecerá aún más nuestro juego. Llegado este momento el animal entenderá el concepto básico del ejercicio de competición.
Para terminar conviene repasar el ejercicio destinado a asociar la llamada con algo positivo, que sirva de refuerzo a la orden. En este caso se puede premiar al cachorro con una golosina.
adiestramiento canino

 

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