Wallaby de bridas

El Wallaby de bridas está en peligro de extinción

Nombre científico: Onychogalea fraenata

los animales en extinción
Vistosamente ornado con dos rayas blancas que forman un arco detrás de sus hombros, a modo de bridas de un arnés o de una montura, el wallaby de bridas tiene bien merecido su nombre. El nombre genérico, Onichogalea, hace referencia a la extraña uña córnea y oscura que todas las especies del género tienen en la punta de la cola. Este apéndice tiene la particularidad, exclusiva del género, de ser muy largo y delgado, mucho más que el de los restantes canguros y wallabíes.

Es un animal de hábitos nocturnos y muy tímido. Pasa la mayor parte del día en un nido poco profundo que escarba bajo un arbusto o un montecillo de hierba. Sólo en contadas ocasiones se desplaza a pleno día. Según parece, su dieta básica se compone de raíces de diversas especies herbáceas.

Si cuando reposa en su guarida advierte algún peligro, huye a gran velocidad para refugiarse en la espesura más próxima o en algún árbol hueco. Entonces da unos ágiles brincos y. al mismo tiempo, realiza con los brazos un extraño movimiento circular, que le ha valido el nombre de «organillero». Pero cuando se desplaza tranquilamente, lleva los brazos extendidos hacia afuera formando ángulo recto con el cuerpo.

El wallaby de bridas es un animal solitario. La hembra suele tener una sola cría a principios de mayo. La longevidad máxima registrada en cautividad es de siete años y cuatro meses.
Poco más se conoce sobre la biología de los wallabíes Onichogalea. Un cazador del siglo pasado, que capturaba especímenes para el naturalista e ilustrador australiano John Gould, observó que el wallaby de bridas era abundante en las espesuras de los Darling Downs. También capturó algunos ejemplares en las sierras más bajas, secas, pedregosas y cubiertas de árboles achaparrados de los estados de Queens-land, Victoria y Nueva Gales del Sur.

La UICN considera el wallaby de bridas en peligro de extinción y la CITES lo incluye en el Apéndice 1. Una especie próxima, el wallaby de lunares (Onichogalea lunata), está considerada extinguida por la UICN; en los años 30 era habitual en algunas zonas, pero no se tiene noticia de ninguna observación fiable desde principios de los años 60. La tercera especie del género, O. unguífera, está todavía difundida por el N de Australia y parece que continúa siendo numerosa en diversas localidades.

La disminución de los efectivos de las dos primeras especies se debe sobre todo a la alteración del habitat como consecuencia del pastoreo excesivo, pero no se debe olvidar la posible incidencia de la depredación practicada por los zorros y perros cimarrones. En 1971 un experto en marsupiales sugirió que la tala de los matorrales y demás espesuras que servían de refugio a los wallabíes aumentaba la inseguridad y vulnerabilidad de estos animales.

El wallaby de bridas era numeroso a mediados del siglo pasado en diversas zonas de Queensland y de Nueva Gales del Sur. Pero como entre 1937 y 1973 no se observó ningún ejemplar, se consideró extinguida la especie. Este último año se descubrió una pequeña población en una zona de unos 100 km2 en el centro del estado de Queensland. A finales de la década, el gobierno australiano adquirió la mitad de esta zona y poco después creó en ella una reserva para la especie.

Otro wallaby, mucho más próximo a los grandes canguros, tuvo peor suerte. Se trata del «toolache» o wallaby gris (Ma-cropus grey/), una hermosa especie que habitaba las llanuras de Australia del Sur, donde era muy apreciada por su piel y como pieza de caza deportiva. John Gould lo describía como el animal más veloz que había visto en su vida, pero su celeridad y destreza en la fuga no le salvaron de la extinción a la que estaba destinado.

En 1910 se podía observar, en grandes grupos, en las zonas tapizadas de abundante hierba, y en grupos más pequeños o en solitario en las zonas más áridas; pero la caza intensiva y la competición con el ganado ovino por el alimento hicieron declinar sus efectivos a un ritmo vertiginoso. En 1923 sólo sobrevivía un reducido grupo de catorce ejemplares en Konetta, un pequeño rancho de Australia del Sur.

Ese mismo año, el profesor Wood Jones, experto en marsupiales, puso en marcha un plan para salvar la población superviviente. Intentó trasladar una parte de la población a una reserva integral en la isla Kangaroo, pero tuvo que desistir; cuando, con su equipo de colaboradores, se disponía a capturar algunos ejemplares, los wallabies se espantaron tanto y corrieron con tal ímpetu, que acabaron muriendo de agotamiento. Un segundo intento, llevado a cabo meses más tarde, tuvo las mismas consecuencias funestas.

Casi todos los restantes wallabíes fueron muertos a tiros porque la campaña del profesor Wood Jones dio publicidad al rancho Konetta. Pero en 1937 el dueño del rancho rescató una hembra de toolache de las fauces de dos galgos y consiguió que viviera dos años más; probablemente fue el último representante de la especie en estado salvaje. En el zoológico de Adelaida, una pareja de toolaches sobrevivió dos o tres años más, pero no tuvo descendencia y la especie se extinguió para siempre.

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