Tamarino León Dorado

El Tamarino León Dorado está en peligro de extinción

Nombre científico: Leontopithecus rosalia

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El tamarino león dorado es una de las cuatro especies de un género que está distribuido por las pluviselvas atlánticas del SE de Brasil. Durante la pasada década, los especialistas consideraban las otras dos especies (la cuarta no había sido descubierta) como simples variedades cromáticas de una especie única. Sin embargo, en 1984 los zoólogos A. L. Rosenberger y A. F. Coimbra-Filho comprobaron que, aparte del color, existían importantes diferencias en su dentadura y cráneo, y decidieron dividirlos en tres especies distintas.

Las otras dos especies son el tamarino león negro (L. chrysopigus) y el de cabeza dorada (L. chrysomela). A finales de 1990, dos jóvenes zoólogas brasileñas de Curitiba, Maria Korin y Vanessa Person, descubrieron una nueva especie en la diminuta isla de Superaqui (bahía de Pranaguá), en la costa que se extiende entre Río de Janeiro y Santos. La nueva especie, de la que se tenían vagas nociones y no muy fidedignas, fue finalmente fotografiada, descrita y clasificada como Leontopithecus caissera.

El cronista del viaje de Magallanes alrededor del mundo, Antonio Pigafetta, describió estos animales como «hermosos gatos de tipo simiesco, que recuerdan a pequeños leones». Aunque, como es lógico a Pigafetta le fallara la taxonomía, su descripción se ajustaba a la realidad en lo que respecta a la belleza y al aspecto leonino de este gracioso primate.

El tamarino león dorado tiene un soberbio pelaje de color dorado, generalmente rojizo, aunque a veces adopta un matiz anteado, amarillento o incluso blanco, siempre uniforme (salvo unas marcas ocasionales en la cola, pardas o negras). Una larga melena del mismo color le cubre las orejas y le enmarca su cara oscura y casi desnuda.

El tamarino león negro, como indica su nombre, es completamente negro, excepto la rabadilla y los muslos que son dorados. El de cabeza dorada también es básicamente negro, y exhibe una melena dorada. Por último, el Leontopithecus caissera, el tamarino recién descubierto, tiene el cuerpo y parte de la melena dorados, y la cola, patas, gran parte de la melena, garganta y cara de un negro azabache que contrasta con el dorado rojizo del resto. Su coloración facial le ha valido el nombre de tamarino león de cara negra.

Todas estas especies prefieren la selva primaria, de cuyos árboles dependen para encontrar presas animales y oquedades en las que refugiarse. Sin embargo, también exploran ocasionalmente el bosque secundarlo e incluso zonas parcialmente cultivadas. Suelen encontrarse en los árboles a alturas situadas entre 3 y 10 m, donde la maraña de enredaderas, ramas entrelazadas y epífitas les proporciona escondrijos y abundantes presas.

Los tamarinos león son animales diurnos. Suelen dormir en los huecos de los árboles y, ocasionalmente, entre las enredaderas y epífitas. Saltan de rama en rama con una agilidad sorprendente y trepan en espiral por los troncos como si fueran ardillas. Su dieta básica está integrada por insectos y frutos, aunque también comen néctar, flores, exudados vegetales, arañas, caracoles, ranas, lagartijas, huevos de aves, pequeños mamíferos y pájaros. Los frutos que consumen pertenecen a los géneros Pourouma, Ficus, Cecropia, Inga y Miconia, que son pequeños y dulces. Las bromeliáceas que crecen en las horquillas de los grandes árboles de la selva primaria son esenciales para su supervivencia: en ellas obtienen agua y alimentos con alto contenido proteico, como insectos, ranas, renacuajos y otros pequeños vertebrados.

Los tamarinos león viven en grupos familiares de unos siete individuos, aunque se observan temporalmente asociaciones de quince o dieciséis ejemplares. El grupo familiar básico suele estar formado por una pareja acompañada de su progenie, incluidos diversos jóvenes de uno o más años. Estos grupos familiares explotan territorios de 40 ha, bien provistos de árboles viejos con abundantes huecos e invadidos por las epífitas. Los adultos del mismo sexo son muy agresivos unos con otros; si se mantienen en el mismo recinto, son capaces de luchar hasta la muerte.

El macho y la hembra de un grupo, en cambio, forman un vínculo permanente sin que un sexo domine al otra —caso raro entre los primates— y comparten la responsabilidad de criar a su progenie. La igualdad social de los sexos se refleja en su aspecto físico: los tamarinos león, como los demás calitrícidos, muestran un dimorfismo sexual reducido.

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Los tamarinos león, al parecer, sólo se reproducen estacio-nalmente. En Brasil, la época de dar a luz se extiende de septiembre a marzo, durante el período más húmedo y caluroso de! año. En el hemisferio norte se adaptan a un ritmo estacional opuesto, desde enero hasta junio. Después de unos cuatro meses de gestación, la hembra pare dos crías gemelas, rara vez una sola o trillizos.

Los jóvenes tamarinos nacen con pelo, con los ojos abiertos, y pesan unos 60 g. Pocos días después del nacimiento, el padre acarrea de vez en cuando a la cría y, a las tres semanas, la lleva a cuestas casi en exclusiva. Los miembros jóvenes de la familia también transportan y cuidan a la cría recién nacida. Los machos alcanzan la madurez sexual a los veinticuatro meses y las hembras a los dieciocho. La longevidad aproximada es de dieciséis años, pudiendo ser más larga en cautividad.

Los tamarinos león se encuentran entre los mamíferos más amenazados del mundo. Las tres primeras especies descritas están consideradas en peligro de extinción por la UICN y la CITES las incluye en el Apéndice 1. La situación del tamarino de cara negra es indeterminada, porque se ignora su número. En cualquier caso, parece que es muy bajo, como máximo algunos centenares (aun cuando parece que también existe una pequeñísima colonia en el continente) y, por tanto, corre el mismo peligro de extinción que los otros tres. Afortunadamente para estas especies, el programa de recuperación del tamarino león dorado es uno de los más completos de cuantos se han llevado a la práctica hasta el momento y está sirviendo de modelo para la recuperación de las especies del género.

Cuando, en 1986, el gobierno brasileño prohibió la exportación de ejemplares salvajes de L. rosalia, la población cautiva (que se encontraba sobre todo en zoos estadounidenses) empezó a disminuir de un modo alarmante: el número de nacimientos era claramente inferior al de muertes. Ante la perspectiva de que ambas poblaciones —salvaje y cautiva— pudieran extinguirse por completo, Devra Leiman, la conservadora de primates del zoo de Washington, inició un intensivo estudio sobre la reproducción, comportamiento social y nutrición del tamarino león dorado.

Como indicaba al respecto Josep del Hoyo Calduch, uno de los descubrimientos cruciales de dicho estudio fue comprobar que, si los jóvenes eran mantenidos junto a sus padres durante la cría de la siguiente generación, aprendiendo de este modo los patrones de conducta paternos, su éxito reproductor posterior mejoraba sensiblemente.

Tres años después de concluido el estudio de D. Leiman, la población cautiva se había multiplicado por cinco y su viabilidad estaba asegurada. El siguiente paso consistió en restaurar el habitat natural de la especie. Un reconocimiento minucioso de la reserva de Pogo das Antas, último reducto de la especie L. rosalia, reveló que sólo el 40% de sus 5.000 ha estaba ocupado por selva y únicamente el 10% era selva primaria en estado original o climácico.

Ante esta situación tan poco halagüeña, los responsables del proyecto de recuperación de L. rosalia pidieron apoyo al Instituto Brasileño de Desarrollo Forestal, a WWF-USA y a diversos zoos americanos y europeos con programas de reproducción de esta especie, para proceder a la protección y regeneración de su habitat forestal. El apoyo fue importante y en dicha regeneración se inició el desarrollo de innovadoras técnicas de recuperación de la pluviselva, aplicables en muchos otros lugares.

Por otra parte, en 1984 se inició un intenso programa pedagógico en las poblaciones locales que, como otros aspectos del proyecto de recuperación, fue modélico. Según explicaba Josep del Hoyo, en toda la campaña se puso especial énfasis en relacionar la imagen simbólica del tamarino león con la conservación de los restantes elementos que configuran su habitat, es decir, de las miles de especies que comparten con él el mismo ecosistema selvático.

En 1983 llegaron al Centro de Primates de Río quince tamarinos nacidos en zoos extranjeros. Tras el obligado período de cuarentena, los pequeños primates fueron adaptados progresivamente a su futura vida salvaje mediante cambios graduales en la forma y tipo de alimentación, el adiestramiento para reconocer y evitar peligros, etc. El éxito con que se saldó la reintroducción de este primer grupo fue parcial, ya que sólo sobrevivieron dos ejemplares. Para evitar algunos inconvenientes del cautiverio, el zoo de Jersey —famoso por la figura de Gerald Durrell—, del que procedía el segundo grupo a reintroducir, instaló los ejemplares seleccionados en una isla con vegetación abundante para que pudieran deambular en completa libertad. Este grupo fue liberado en el verano de 1987 con tal éxito que una de las parejas nacidas en cautiverio logró reproducirse en libertad.

Posteriormente se han liberado otros grupos de tamarinos procedentes de zoos europeos o norteamericanos, y su adaptación a la vida salvaje ha sido cada vez menos problemática Por último, como dato aún más alentador, según informaba Josep del Hoyo, catorce propietarios de fincas vecinas a Poco das Antas se adhirieron al programa de reintroducción ofreciendo las zonas selváticas de sus haciendas para recibir a los primates dorados.

El éxito conseguido con el programa de recuperación del tamarino león dorado inspiró la creación de programas similares para las restantes especies. Recientemente se ha puesto en marcha un proyecto de conservación del tamarino león de cabeza dorada en el que el zoo de Jersey ha jugado un papel destacado. En el verano de 1990, dicha entidad compró 200 ha de selva para establecer un corredor genético entre los dos sectores de la reserva que constituye el último reducto L. chrysomela.

El tamarino león negro, por su parte, cuenta con el importante apoyo financiero de la compañía eléctrica de Sao Paulo, que ha promovido, entre otros programas, un detallado estudio sobre la demografía y la ecología de esta especie tan poco conocida. El Centro de Primates de Río de Janeiro también está desarrollando con éxito un programa de cría en cautividad de L. chrysopigus y, recientemente, se ha planteado la necesidad de hacer lo mismo con la especie recién descubierta, el tamarino león de cara negra, L. caissera.

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