✅ Rorcual norteño ✅

El Rorcual norteño está en peligro de extinción

Nombre científico: Balaenoptera borealis

animales marinos en extinción

El rorcual norteño es una especie de costumbres pelágicas, antiguamente muy abundante en las aguas más profundas y alejadas de la orilla y hoy mucho más escasa a causa de la pesca comercial durante los años 60. De mucho menor tamaño que los rorcuales azul y común, su rendimiento en aceite de ballena era muy escaso.

Por este motivo apenas se las capturaba mientras los grandes rorcuales eran abundantes: hasta 1950 la captura de rorcuales norteños en aguas antarticas no sobrepasaba los mil ejemplares. Pero a principios de los años 60, a causa de la escasez de grandes rorcuales, la industria ballenera se vio obligada a sustituirlos por el rorcual norteño. Durante la temporada 1964/65 el número total de capturas alcanzó la escalofriante cifra de 25.454.

Afortunadamente para la especie, el número descendió gradualmente hasta situarse en 150 el verano austral de 1978/1979. Por supuesto, la disminución de capturas no debe atribuirse a un súbito interés conservacionista de la industria ballenera, sino al simple hecho de que en 1970 era ya más rentable la explotación de la siguiente especie en orden de mayor abundancia y menor tamaño, el rorcual aliblanco o pigmeo. Observemos que la más reciente explotación ballenera, basada en el agotamiento de los «stocks» de las sucesivas especies, sin tener en cuenta su capacidad de recuperación, es el más claro ejemplo de cómo no debe gestionarse un recurso. Algo en lo que, como nos recuerdan los biólogos Alex Aguilar y Javier Corcuera, ya insistían los libros universitarios en los años 70.

A partir de la temporada 1978/79, la Comisión Ballenera Internacional (IWC) fijó unas cuotas anuales que oscilaban en torno a los cien ejemplares, y a partir de 1985 entró en vigor una moratoria absoluta sobre la explotación comercial de esta especie. La atracción por la ballena boreal se explica en parte por el valor de su carne. En Japón se consumía con fruición hasta 1988, año en que también se hizo efectiva en este país la moratoria sobre la explotación de ballenas (lo cual no impidió que los japoneses se volcaran ávidamente sobre la carne de delfín).

Como la mayoría de rorcuales, el norteño se alimenta durante el verano en las aguas templadas y subpolares y en invierno migra a las regiones subtropicales. Como indica el exiguo diámetro de sus barbas, los diminutos crustáceos constituyen su dieta principal, aunque también ingieren ocasionalmente pequeños peces. No existe ningún indicio de que esta especie ecolocalice a sus presas, pero algunos investigadores han escuchado súbitas explosiones sónicas de siete a diez pulsos metálicos.

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Es uno de los cetáceos más rápidos, capaz de superar los 50 km/h, pero su velocidad «de crucero» se sitúa alrededor de los 8 nudos (15 km/h). Normalmente, los rorcuales norteños forman grupos de dos a cinco individuos, pero también nadan en solitario. Si la comida es abundante, los grupos pueden reunir varios centenares e incluso millares de ejemplares. En el hemisferio norte la cópula tiene lugar de noviembre a febrero, y en el hemisferio sur, de mayo a julio. Tras una gestación de diez a doce meses, nace una única cría (existen casos de gemelos o multillizos, pero son muy raros) que mide unos 3 m. El destete tiene lugar a los seis o siete meses. El intervalo entre las gestaciones no llega a los dos años y el porcentaje de hembras gestantes parece que ha aumentado recientemente, quizá como consecuencia de la explotación humana. La longevidad máxima comprobada es de 74 años.

El número original de rorcuales norteños se estima en unos 250.000 ejemplares. En 1988, los efectivos se reducían a unos 50.000, pero según algunos informes entregados a la junta de la IWC en 1989 el número es mucho más reducido. El rorcual norteño no está clasificado por la UICN, pero la CITES lo incluye en el Apéndice 1. En nuestra opinión, si consideramos las estimaciones de la IWC antes citadas, se trata de una especie vulnerable.

Entre las restantes especies de ballenas vulnerables o amenazadas figura en primer lugar la ballena franca, también un misticeto, aunque pertenezca, como la de Groenlandia, a la familia de los balénidos. Las distintas poblaciones de esta ballena se recuperan muy lentamente a pesar de estar legalmente protegida desde hace 50 años. La UICN reconoce dos especies de ballena franca: la del hemisferio boreal, Eubalaena glacialis, a la que considera amenazada de extinción, y la del hemisferio austral, E. australis, calificada como vulnerable. La CITES incluye el género Eubalaena en el Apéndice 1.

Otros misticetos vulnerables son la ballena pigmea (Caperea marginata), los rorcuales aliblanco (Balaenoptera acutorostrata) y de Bryde (B. edeni) y la ballena gris (Eschrichtius ro-bustus), todos ellos incluidos en el Apéndice 1 de la CITES y regulados por la IWC (excepto la ballena pigmea).

Entre los odontocetos, o ballenas con dientes, se encuentran algunas especies muy amenazadas. Concretamente, el baijí o delfín del río Yang-Tsé (Lipotes vexilifer), del que como máximo sólo quedan doscientos ejemplares; el delfín del Indo (Platanista minor), con unos quinientos efectivos; la marsopa «vaquita» (Phocoena sinus), reducida a unos pocos centenares en el golfo de California y que sufre unas pérdidas anuales de 25 a 35 ejemplares entre las redes de los arrastreros: y, por último, el delfín pío de Nueva Zelanda (Cephalorhynchus hectori), cuyos efectivos se cifran en unos 4.000. La UICN considera estas especies en peligro de extinción, excepto el delfín pío de Nueva Zelanda y la «vaquita», a las que sólo considera vulnerables.

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