Oso pardo (I)

animales en mayor peligro de extinción

Según las últimas investigaciones, el problema de la desaparición del oso de Cantabria y de los Pirineos podría ser mucho más grave, ya que existen indicios de que se trata de una especie distinta. Esto es lo que sugieren Fierre Taberlet y Jean Bouvet, de la universidad Jean Fourier de Grenoble. Estos investigadores, tras comparar el ADN mitocondrial entre diversas especies y subespecies de osos, han descubierto la misma divergencia genética (1,7%) entre el oso pardo de Alaska y el oso de los Pirineos que la existente entre el primero y el oso blanco, que siempre ha sido considerado una especie distinta (Ursus maritimus).

Una diferencia que, tras haber sido confirmada en una segunda fase de su estudio con osos rumanos (pero que ha sido mucho menor con los osos cántabros), sólo tiene dos posibles explicaciones: o el oso blanco no es más que una subespecie del oso pardo, al igual que el de los Pirineos, o bien este último y también, por supuesto, el oso blanco son especies distintas del Ursus aretes de Alaska y de Rumania.

Una de las causas más importantes del descenso de ciertas poblaciones de oso pardo ha sido el incesante acoso de los ganaderos. Otra no menos importante ha sido, y todavía lo es, la caza deportiva, porque el oso, animal emblemático, es un trofeo muy apreciado. Durante el período 1983/84 se cazaron legalmente 1.441 osos grizzly (subespecie U. a. horribilis) en EE.UU. y Canadá, y la caza de la especie está permitida —aunque regulada— en la mayor parte de su rango de distribución.

Por último, la tercera causante directa del declive de las poblaciones de osos es el furtivismo. Aparte de la caza furtiva para aprovisionar ¡legalmente circos y zoológicos de ínfima categoría, miles de osos de distintas especies son muertos cada año por delincuentes que venden partes de su cuerpo a chinos, japoneses y coreanos, que, de un modo supersticioso, pretenden apropiarse de su poder.

especies en amenaza de extinción

Los beneficios de estas matanzas deben ser importantes si tenemos en cuenta que sólo la vesícula biliar, considerada por la medicina tradicional asiática como la panacea contra todos los males, alcanza la cifra de U$S 5.000 en el mercado negro, o que un simple plato de sopa de pata de oso vale más de 800 $ en Japón o Corea del Sur. A pesar de sus hábitos esquivos y solitarios, los osos son fácil presa de los furtivos, equipados con sofisticados medios de rastreo y caza. El aspecto más triste de este ilegal tráfico es que los furtivos, al contrario que los pastores antiguos, sólo aprovechan una mínima parte de las piezas cobradas, ya que ni siquiera venden la piel.

Si a estas causas directas añadimos la pérdida y deterioro progresivos de los distintos habitáis, el diagnóstico no es muy halagüeño. Aunque diversas subespecies y poblaciones de oso pardo aún cuentan con un importante número de efectivos — en Alaska y las montañas del O de Canadá, por ejemplo, viven unos 50.000, y en los países correspondientes a la antigua URSS, unos 100.000—, la especie ha sido eliminada en un 50% de su rango de distribución original. Por este motivo la CITES lo incluye en el Apéndice 2, reservando incluso el Apéndice 1 para algunas subespecies particularmente amenazadas, como U. a. nelsoni, el oso «grizzly» de México, U. a. pruinosus del «tíbet y U. a. isabelinus de Asia central. La UICN, por su parte, clasifica como extinguida a la subespecie U. a. nelsoni. Ninguna de estas instancias menciona en absoluto los osos pirenaicos y cántabros, pero probablemente no tardarán en hacerse eco del resultado de las últimas investigaciones de los científicos franceses.

la extinción de los animales

 

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