Oryx de Arabia

El Oryx de Arabia está en peligro de extinción

Nombre científico: Oryx leucoryx

todos los animales en peligro de extinción

Oryx de Arabia

El oryx de Arabia es el más pequeño y ligero de las tres especies del género. Sus cuernos son casi rectos y algo inclinados hacia atrás. Ambos sexos presentan cuernos, aunque los de la hembra suelen ser algo más largos y gráciles.

Este oryx es el antílope mejor adaptado a las duras condiciones desérticas. Si bien es cierto que el gemsbok (Oryx gazella) frecuenta la zona marginal del desierto de Chai bit, en el norte de Kenia, y el desierto de Kalahari, ninguno de estos biotopos presenta la extrema aridez de los desiertos de Arabia central. En este último biotopo, la sequedad y las fluctuaciones térmicas son extremas. En verano, la temperatura puede alcanzar los 50 °C a la sombra, mientras que en noches de invierno puede descender a 6 °C, descenso que muy a menudo se ve agravado por vientos violentos y fríos. Todos los días del año, la temperatura experimenta oscilaciones de 20 °C.

La sequedad de los desiertos centrales de Arabia es, como ya hemos dicho, hasta tal punto extremo que a veces en extensiones inmensas no llueve durante años. Cuando al fin cae la lluvia, la escasa vegetación latente —semillas, matojos y arbustos resecos, etc.— florece muy fugazmente.

La escasez de alimentos causada por esta sequedad casi absoluta ha actuado como presión selectiva, produciendo una especie de pequeño tamaño y escasa corpulencia: raros son los oryx de Arabia que superan los 70 kg de peso.

Por otra parte, estas reducidas dimensiones constituyen una excelente adaptación al calor del desierto (aunque no tanto a las gélidas noches), porque cuanto menor es el tamaño, mayor es la relación superficie/volumen y, por tanto, la pérdida térmica. Otra adaptación térmica es el color del pelaje, en el que predomina el blanco, que refleja gran parte de la radiación solar.

Durante las frías mañanas de invierno, los animales erizan los pelos para absorber el calor del sol sobre su epidermis oscura; de noche, este mismo pelaje, que ahora es más abundante que en verano, será un excelente aislante del calor corporal. En invierno, las marcas oscuras de pelaje también son más negras, con lo cual se incrementa la absorción de calor.

Otra adaptación a la vida desértica son las pezuñas aplanadas y en forma de pala, cuya amplia superficie les permite desplazarse con relativa facilidad sobre el suelo arenoso; a veces recorren enormes distancias hasta encontrar una zona donde la vegetación es más fresca. En las áridas regiones que constituyen el habitat de los oryx de Arabia, las lluvias no sólo son muy escasas, sino también muy irregulares en cuanto a su distribución; pero estos antílopes, prodigiosamente adaptados a las condiciones desérticas, son capaces de detectar el lugar donde cae la lluvia a varias decenas de kilómetros de distancia.

Una vez detectado este punto, se dirigen a él sin dilación para saciarse con la efímera vegetación fresca que aporta la lluvia. En una ocasión se pudo comprobar que un ejemplar de oryx de Arabia había recorrido más de 90 km en 18 horas en busca de pastos frescos.

Los habitáis preferidos por los oryx de Arabia son los terrenos pedregosos llanos o ligeramente ondulados, cortados por wadis (ríos perpetuamente secos en superficie) y depresiones poco profundas, y las dunas que bordean los desiertos de arena. Estos ambientes siempre son menos áridos que el interior del desierto, ya que están parcialmente cubiertos por una vegetación dispersa de árboles de bajo porte, arbustos, matojos y hierbas.

Sin embargo, son de una gran aridez y, una vez agotadas las reservas de hojas y de hierba fresca, el animal se ve obligado a migrar hacia las zonas remotas donde hayan caído los últimos aguaceros. Una manada de oryx de Arabia introducida en Omán recorre anualmente una superficie de 3.000 km2; ésta comprende una serie de zonas apropiadas a sus exigencias vitales de 100 a 300 km2 de extensión, que los animales ocupan entre 1 y 18 meses según el régimen pluviométrico.

La actividad de los oryx en estos ambientes se desarrolla a primeras horas de la mañana y a últimas de la tarde. Durante las horas más calurosas del día, es decir, entre 9-10 h y 14-15 h, descansan a la frágil sombra de un árbol; por la noche, duermen.

Gracias a su pequeño tamaño, pueden deslizarse bajo la copa de las acacias más bajas y excavar allí pequeñas oquedades con sus pezuñas delanteras; esto les permite reclinarse en una arena más fresca y reducir la exposición de su cuerpo a los vientos secos.

El ambiente especialmente inhóspito en el que se desenvuelven los oryx de Arabia los obliga a evitar cualquier gasto innecesario de energía.

Son muy tolerantes entre sí —evitan las agotadoras luchas tan frecuentes en otras especies— y comparten sin problemas la escasa sombra de los arbustos y árboles achaparrados. Las manadas de oryx suelen estar compuestas por diez o más individuos, aunque su número puede aumentar sensiblemente cuando las condiciones se tornan favorables; se han registrado grupos de más de 100 individuos.

En el seno de la manada se establece una jerarquía lineal; el macho dominante actúa como dueño y señor sobre varios machos y hembras. El segundo animal en el rango tanto puede ser macho como hembra, y a él se someten los demás miembros de la manada, excepto el dominante, y así sucesivamente.

Sólo el macho dominante se aparea y, por ello, todas las crías e individuos jóvenes son hermanos o hermanastros. Los animales que no forman parte de la manada son rechazados mediante amenazas, persecuciones y, en ocasiones, enconadas luchas (si son machos). Sin embargo, si se mantienen en las inmediaciones de la manada, acaban siendo tolerados después de dos o tres semanas.

En los oryx de Arabia cautivos se ha observado un comportamiento distinto, quizá porque sobre ellos no planeaba la limitación extrema de los recursos alimenticios. Las manadas, en este caso, estaban formadas por un solo macho dominante adulto y varias hembras y crías. Los otros machos adultos formaban grupos de solteros en los que se establecía una rígida jerarquía mediante luchas incruentas y persecuciones frecuentes.

Cuando las condiciones son favorables, la hembra entra en celo, se acopla con el macho y, tras unos 240 días de gestación, da a luz a una cría única. En algunos lugares, la reproducción sigue un ritmo vagamente estacional: en las manadas introducidas en Omán y en Jordania, la mayoría de nacimientos se registran entre Octubre y Mayo. El destete tiene lugar a los cuatro o cinco meses y las hembras alcanzan la madurez sexual entre los 2,5 y 3,5 años. La longevidad es de unos 20 años.

El oryx de Arabia está considerado por la UICN como especie en peligro de extinción y la CITES lo incluye en su Apéndice 1. La destrucción de sus poblaciones fue muy temprana en las regiones donde se desarrollaron las primeras civilizaciones humanas. Los pueblos nómadas, que tomaron el relevo de las desaparecidas culturas, no cesaron en su persecución: su caza era fuente de un placer excitante; su piel proporcionaba un valioso cuero y, por encima de todo, su carne era excelente.

El último oryx de Irak fue abatido en 1941 y, a partir de entonces, la especie sólo sobrevivía en los rudos desiertos arábigos de Nefud y de Rub-al-Khali. Pocos años más tarde, con la expansión de la industria del petróleo y la generalización del transporte motorizado, llegó su hora final. Los últimos ejemplares salvajes fueron abatidos en 1972 y todos los registros posteriores de la especie no han sido confirmados científicamente.

Afortunadamente, varios países árabes habían comenzado en los años 50 a formar y mantener manadas cautivas, y en 1962 una misión especial enviada por la UICN, el WWF y la «Fauna Preservation Society», consiguió, tras superar grandes dificultades, capturar dos machos y una hembra salvajes en el SE de Arabia. De allí fueron transportados a Kenia y, a continuación, al zoológico de Phoenix, en Arizona (EE.UU.), cuyo clima y habitat son análogos a los de su lugar de origen.

Este pequeño grupo prosperó y logró reproducirse con éxito; en 1968 sus efectivos sumaban 16 cabezas. Más tarde se formaron otros grupos productores en Los Ángeles, en Riad (Arabia Saudita) y en Quatar.

Hoy existen unos 300 ejemplares cautivos en la península de Arabia y 370 en diversos países occidentales, la mayoría en los zoológicos de Phoenix y San Diego. El éxito de este ambicioso programa internacional de reproducción permitió la reintroducción de varias manadas salvajes en Omán (1982) y Jordania (1983).

Estas manadas también consiguieron reproducirse con éxito y hoy el número de individuos en estado salvaje supera el centenar, por lo que la especie parece salvada.

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