Morsa

La Morsa está en peligro de extinción

Nombre científico: Odobaenus rosmarus

cuales son las especies en peligro de extinción
La morsa es la única especie de la familia odobénidos. El rostro de este enorme mamífero marino, con sus dos afilados caninos, sus pequeños ojos porcinos y su hocico erizado de «bigotes» o vibrisas es bien conocido. La piel gruesa, y muy arrugada, presenta abundantes y profundos pliegues, como si fuera demasiado grande para su cuerpo. El espesor de la piel puede superar los 5 cm y el de la capa subyacente de grasa alcanza hasta 7,5 cm.

Cuando hace calor, la piel de las morsas se inunda de sangre, lo que le confiere una coloración rojo teja. Por el contrario, los viejos machos, en gran parte despigmentados, pueden presentar una palidez mortal después de la inmersión en agua fría.

El tamaño de los colmillos de marfil de la morsa sólo es superado por el de los elefantes. Los colmillos de la morsa son, de hecho, sus caninos superiores que, con su crecimiento desmesurado e ininterrumpido, modifican incluso la estructura anterior del cráneo. En los machos adultos los caninos pueden superar 1 m de longitud y 5 kg de peso. Los de la hembra son más curvos y esbeltos y no suelen superar los 60 cm. El animal los utiliza como arma para luchar con otros miembros de su especie, defenderse de los predadores, abrir boquetes en el hielo y engancharse a los témpanos de hielo mientras duerme flotando en el agua. También los utiliza como palancas para sacar su voluminoso cuerpo fuera del agua y cuando se desplaza sobre los bancos de hielo.

El macho tiene a cada lado de la cabeza una bolsa inflable, originada en la faringe, que utiliza como flotador para mantener la cabeza fuera del agua cuando duerme. Pero su principal utilidad es actuar como cámaras para producir un sonido parecido al de la campana. Gracias a estas bolsas, la exhibición vocal de la morsa macho es una de las más complejas de todos los mamíferos, comparable incluso con la de la ballena yubarta. El repertorio básico consiste en los campanilleos antes mencionados, en martilleos profundos y suaves palmadas emitidas con un ritmo muy rápido. El canto, que suele empezar o acabar con un campanilleo, consta de una complicada secuencia de martilleos y palmadas y puede durar más de 50 horas. La hembra no martillea ni efectúa rápidas palmadas, pero gruñe y emite una especie de ladrido.

Las relaciones entre los machos están muy jerarquizadas y las vocalizaciones ayudan a mantener el rango social e influyen considerablemente en su interrelación. El tamaño de los colmillos, de manera similar a la cornamenta en los ciervos, ayuda a establecer una relación de dominio. Cuando un macho ve que un rival se acerca a sus compañeras de harén, se yergue y le enseña la longitud de sus caninos. El macho rival hace lo mismo y, si los suyos son más pequeños, se retira sin entablar pelea. Pero cuando la longitud de los caninos es similar, los dos machos se enzarzan en luchas sangrientas, aunque nunca tienen un fatal desenlace.

Para alimentarse, la morsa baja al fondo del mar en busca de crustáceos, gusanos, cohombros de mar, caracoles y moluscos bivalvos —sobre todo estos últimos—, generalmente a profundidades comprendidas entre 10 y 50 m (80 m como máximo). Durante sus zambullidas, que duran de 2 a 10 minutos, el animal localiza el alimento nadando boca abajo contra el fondo, y moviendo constantemente las sensitivas vibrisas del morro.

Se ha creído durante mucho tiempo que las morsas sacaban sus presas del fondo con los colmillos, partiéndolas luego con los dientes. Hoy se sabe que utilizan el morro para hozar el sedimento, del mismo modo que los cerdos desentierran las trufas. Por tanto, la morsa es capaz de extraer los moluscos de su concha haciendo funcionar la cavidad oral como una bomba de vacío, cuyo pistón es la lengua. Gracias a esta sorprendente facultad, la morsa es capaz de ingerir miles de pequeñas almejas en una sola comida. Ocasionalmente se alimenta también de peces, carroña e incluso focas vivas que, según testimonio de los esquimales de la isla de Baffin, atrapan con las aletas delanteras.

Como los leones marinos y demás otariídos, la morsa puede girar hacia adelante las extremidades posteriores y utilizarlas junto con las anteriores para desplazarse sobre tierra firme. Esta facultad le permite desplazarse con mayor rapidez sobre tierra que las demás focas «sin orejas», aunque continúa mostrándose bastante torpe. En cambio, es muy ágil en el agua.

Aunque la velocidad normal es de 7 km/h, es capaz de nadar incluso a 35 km/h. Durante sus migraciones periódicas —hacia el sur en invierno, hacia el norte en verano—, las morsas se encaraman en los témpanos de hielo que flotan a la deriva y se dejan llevar por ellos, a veces en compañía de tal cantidad de congéneres que el témpano parece un barco de refugiados de guerra.
La morsa es un animal muy gregario que pasa la mayor parte del verano tumbado al sol en tierra firme o sobre el hielo, en estrecho contacto físico con sus congéneres. Los grupos estivales de morsas pueden estar formados por miles de individuos que se amontonan en densidades realmente asombrosas. Son, además, grupos de un solo sexo, en los que se establece una relación jerárquica basada en el tamaño del cuerpo y de los colmillos. Los grupos estivales de hembras y crías se encuentran mucho más al norte, a veces a cientos de millas de distancia, sobre los témpanos de hielo próximos al casquete polar.

Durante el invierno las morsas se congregan en sus territorios tradicionales de cría. Las hembras e individuos jóvenes forman grupos de veinte a cincuenta ejemplares, seguidos de cerca por cierto número de machos. Después de una feroz lucha, un 10% de los machos están preparados para aparearse con las hembras e inician el cortejo nupcial en el que el canto antes descrito juega un papel primordial. La cópula tiene lugar bajo el agua.

Tras quince o dieciséis meses de gestación (que incluyen de cuatro a cinco de implantación diferida), la hembra alumbra una sola cría que, desde el mismo momento del nacimiento, ya es capaz de nadar. Esto no impide que entre madre y cría se establezca un vínculo social más fuerte que en cualquier otro pinnípedo. La madre protege y amamanta a su cachorro durante más de dos años y no se separa de él hasta un año después del destete. A veces, una hembra sin cría adopta a una huérfana, a la que dedica las mismas pródigas atenciones que si fuera suya.

Durante miles de años, los pueblos nativos del Ártico han explotado las morsas porque constituyen para ellos una fuente de valiosas materias primas: alimento abundante y sabroso, grasa para la calefacción y alumbrado, pieles y cuero para la fabricación de canoas, correas y látigos, y marfil para confeccionar arpones, cuchillas, agujas, juguetes, gafas y numerosas herramientas. Esta actividad apenas afectaba las poblaciones de morsas, pero a partir del siglo xvi la cultura occidental comenzó a intensificar la explotación comercial, que ya se había iniciado en la Edad Media. Durante este siglo y el siguiente se sacrificaron miles de morsas en el golfo del San Lorenzo y en Nueva Escocia (Canadá), y la matanza prosiguió hasta bien entrado nuestro siglo.

Entre 1925 y 1931 se sacrificaron varios cientos de miles en las zonas próximas a la isla de Baffin, el último reducto importante de la subespecie atlántica (O.r. rosmaros). La protección legal llegó a tiempo para salvar de la extinción a las morsas atlánticas, pero las poblaciones no han podido restablecerse y hoy sólo quedan entre 26.000 y 27.000 individuos. La subespecie del mar de Laptev mantuvo su población en buen estado hasta finales del siglo pasado, cuando se Inició su explotación comercial, y hoy sólo quedan de 4.000 a 5.000 individuos.

La subespecie del Pacífico empezó a sufrir la presión comercial en el s. XVIII. Sin embargo, hacia 1980 la población total se estimaba en unas 250.000 morsas. El mayor problema se presentó a finales de los años 80 con el incremento de la demanda de marfil de morsa a causa de la drástica disminución de efectivos de elefante africano. Otras presiones que inciden en las poblaciones de morsas del Pacífico son el creciente volumen de ruido, los cambios climatológicos y la expansión de la pesca del marisco hacia el norte.

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Morsa (Odobaenus rosmarus)

 

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