Mona de Gibraltar

La Mona de Gibraltar está en peligro de extinción

Nombre científico: Macaca sylvanus

animales peligro extinción
La mona de Gibraltar es el único macaco que se encuentra de un modo natural fuera de Asia. Un estudio realizado a finales de los años 70 sobre la evolución y sistemática del género Macaca mostraba un fenograma de las diversas especies, en el cual la rama evolutiva que conducía a M. sylvanus se diferenciaba del tronco común de los otros trece macacos hace unos tres millones de años. En otras palabras, el parentesco de la mona de Gibraltar con sus primos asiáticos resta relativamente lejano, como corresponde a su aislamiento geográfico.

Antiguamente, esta especie vivía en Libia y Egipto, donde probablemente se extinguió a principios del siglo pasado; también habitaba en el este de Túnez hasta principios de siglo. Actualmente, sólo se encuentra en el Atlas y en las cordilleras vecinas —Rif, Antiatlas, etc.— de Marruecos y Argelia. Y, por supuesto, en el Peñón de Gibraltar, donde las monas tienen un destacado valor emblemático.

En 1740, una guarnición inglesa importó monas de Gibraltar al Peñón con fines cinegéticos. Desde entonces su población ha sido fluctuante. Los 130 ejemplares de 1900 descendieron a cuatro en 1943; en esta fecha Winston Churchill ordenó que se importaran veinticuatro ejemplares del norte de África. La población actual se estima en unos 33 individuos y es alimentada y protegida por el ejército británico. Los monos constituyen una popular atracción turística y, aunque la población actual se mantiene artificialmente, subsisten serias dudas sobre su origen.

Se sabe que estos macacos existían ya en Gibraltar antes de que los ingleses llegaran al Peñón en 1704, pero, aparte de las importaciones antes descritas, se efectuaron otras muchas. El registro fósil indica que la mona de Gibraltar vivía en gran parte de Europa durante el pleistoceno superior y es posible que algunos individuos consiguieran sobrevivir en el sur de España, fuera de Gibraltar, en una fecha tan tardía como 1890. En definitiva, hoy se desconoce si la población del Peñón desciende de una estirpe africana y, por tanto, introducida, o bien cuenta entre sus antepasados con miembros de la antigua población natural europea.

El habitat preferido de esta especie en el norte del África son los bosques de robles y cedros a altitudes medias y altas. También se encuentra en zonas de monte bajo y en algunos acantilados donde el agua es abundante como indica en una de sus obras el escritor americano Paul Bowles, residente en Marruecos y excelente conocedor de este país. El pelaje denso y la ausencia de cola (regla de Alien) le permiten resistir las nieves invernales de estas rudas montañas. En estos aspectos, la mona de Gibraltar recuerda a los macacos japoneses y libélanos, adaptados a inviernos aún más rigurosos y fríos.

El comportamiento sexual de esta especie es único entre los primates. Las hembras juegan un papel activo y predominante en el proceso reproductivo, ya que escogen deliberadamente a los múltiples y sucesivos consortes durante el período de celo. Después de asociarse brevemente con un compañero, generalmente tras una sola cópula, lo abandonan sin contemplaciones y solicitan a continuación los favores de otro. Por tanto todos los machos tienen la posiblidad de fertilizar a la hembra receptiva, ya que es ésta la que decide asociarse con el máximo número posible de individuos del sexo opuesto. La receptividad de la hembra es notoria, ya que durante el celo presenta una hinchazón de color gris oscuro y rojizo en el perineo.

La competencia entre los machos, típica de muchos primates, casi es inexistente en esta especie, porque ha perdido gran parte de su razón de ser. La hembra en celo no representa para el macho, como en otras especies, un recurso económicamente defendible, a causa de su particular conducta sexual. El costo de defender a la hembra en celo contra los hipotéticos rivales sería mucho mayor que los beneficios que se derivarían de ello. La hembra nunca toleraría que se le impidiera copular con otros machos y cualquier esfuerzo del macho en este sentido sería vano. Sólo conseguiría perder energías; pérdida inútil porque no conseguiría ninguna garantía sobre la exclusiva transmisión de sus genes.

Como contrapartida, las crías de las monas de Gibraltar no sólo reciben un sinfín de cuidados del padre, sino también de los demás machos del grupo, lo cual es una conducta inusual en otros primates. De esta forma, según sugieren algunos autores (David Milton Taub, por ejemplo), los machos se aseguran, aunque sea de forma indirecta, de que sus genes se transmitan a la descendencia. Efectivamente, al contrario de lo que ocurre en casi todos los demás primates, parece que los machos de esta especie no suelen abandonar el grupo natal y, al no crearse intercambios masculinos entre unos grupos y otros, todos (o casi todos) los machos de un grupo están de algún modo relacionados. Así, si un macho no ha conseguido fertilizar ninguna hembra o su descendencia ha muerto, cuando cuida de otras crías está cuidando de hecho a alguno de sus «sobrinos», que ha heredado, por tanto, una parte de su patrimonio genético.

Por otra parte, si tiene crías y éstas siguen con vida, la colaboración de los otros machos, aparte de la ayuda materna, probablemente incidirá en la supervivencia de su progenie directa. La dependencia de las crías de ios machos del grupo es tan importante que las que sólo reciben cuidados maternos suelen morir muy pronto. Como otros macacos, los machos de la mona de Gibraltar protegen a las crías contra los preda-dores, pero, a diferencia de otras especies, también asumen tareas típicamente maternales, como asear y acarrear a las crías. Nutridos grupos de machos de diversas edades se pasan las crías de unos a otros. Y no es infrecuente ver a dos machos dedicados al aseo de un joven mono que aún no ha sido destetado.
extinción de especies animales

 

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