Manatí del Amazonas

El Manatí del Amazonas está en peligro de extinción

Nombre científico: Trichechus inunguis

10 animales en peligro de extinción
El manatí del Amazonas es más pequeño y estilizado que los otros dos manatíes. Vive exclusivamente en las aguas dulces. Aunque también se encuentra en la costa atlántica, en realidad no abandona la gigantesca desembocadura del Amazonas, donde el agua de mar tiene muy poca influencia o, mejor dicho, ninguna.

Su habitat favorito son las grandes lagunas de aguas negras de la cuenca amazónica, conectadas por amplios canales y con los «ríos negros» que cuentan con abundante vegetación sumergida y jacintos acuáticos. Éstas y otras plantas vasculares acuáticas constituyen la dieta básica del manatí del Amazonas; los adultos cautivos consumen unos 10 a 15 kg. diarios.

De hecho, esta especie se ha adaptado a alimentarse de plantas flotantes en superficie, según revela su hocico romo, menos anguloso que el de las Antillas, una especie que tiende a nutrirse en el fondo.

De ahí que los programas de utilización del manatí como agente de control de las plantas flotantes que invaden los pantanos artificiales hayan tenido una resonancia mayor en Brasil que en EE.UU.
Las grandes reservas de grasa y una tasa metabólica inusualmente baja —el 36% de la de otros mamíferos euterios— permiten al manatí del Amazonas hacer ayunos larguísimos y casi completos. Así, algunas poblaciones de la cuenca central amazónica migran durante la estación seca a las zonas más profundas de los mayores lagos.

Permanecen en ellos hasta que las aguas alcanzan el nivel de ¡a estación húmeda, situado 1 o 2 m más alto, y no ingieren casi ningún alimento durante unos siete meses. Como contrapartida, están a salvo de embarrancar y de llamar la atención de los cazadores, siempre que la sequía no se prolongue demasiado y el lago no pierda mucho nivel.

En el lago Amana, que ha sido el mejor estudiado, durante las épocas secas se congrega un importante número de manatíes, entre 500 y 1.000 individuos. Estas poblaciones son muy vulnerables al prolongarse las sequías los cazadores furtivos causan verdaderas masacres cuando el agua apenas cubre el lomo de los pobres animales. En otros lugares estas congregaciones son mucho más modestas —entre cuatro y ocho individuos— al menos actualmente.

El repertorio de vocalizaciones del manatí del Amazonas, es más bien escaso, quizá porque es un animal de hábitos solitarios. Sin embargo, su sentido del oído, como en las otras dos especies del género, está muy desarrollado y le permite descubrir en muchas ocasiones la presencia de su único enemigo, el cazador furtivo.

Sólo los subadultos tienden a agruparse en parejas o tríos, mientras que los adultos prefieren no mezclarse con sus congéneres, al menos durante la estación húmeda. En algunas zonas la reproducción tiene lugar durante todo el año, pero en otras, por ejemplo en la parte central de la cuenca amazónica, es estacional y los nacimientos se registran sobre todo entre febrero y mayo, cuando vuelve a subir el nivel de las aguas.

Tras la gestación, que dura aproximadamente un año, suele nacer una sola cría. La hembra lleva la cría a la espalda o agarrada al costado y no se separa de ella durante un largo período (se desconoce su duración). No se tienen datos sobre la longevidad de la especie; sólo se sabe que dos individuos vivieron, en cautividad, 12,5 años.

Antiguamente, el manatí del Amazonas era muy abundante en una gran parte de la cuenca del inmenso río. Pero el excelente sabor de su carne comenzó a sellar su destino. Los indígenas brasileños guisaban la carne del manatí con su propia grasa, confeccionando así el mixira un ingrediente básico de su dieta. Este alimento, que se conserva en perfectas condiciones durante varios meses, pronto fue adoptado por los primeros colonos europeos del Amazonas, los misioneros, quienes, creyendo que se trataba de un pez, lo recomendaron para los días de abstinencia.

El paso siguiente, que tardó poco en llegar, fue su explotación comercial en el s. XVII. En esa época, los mercaderes holandeses enviaban cada año a Europa 15-20 barcos cargados de carne de manatí, pero pronto las poblaciones comenzaron a sufrir un acusado declive. A finales del s. XVIII ya era difícil cargar anualmente las bodegas de un solo barco y se empezó a temer por la supervivencia de la especie. Pero la caza y la explotación comercial continuaron sin tregua hasta 1925, a un ritmo de unos 1.000 a 2.000 ejemplares, sin contar los innumerables animales capturados por razones de subsistencia.

La explotación comercial fue mucho más intensa en 1935, fecha en que creció la demanda por su piel, para la fabricación de un tipo de cuero muy resistente. Esta actividad comercial e industrial se colapso en 1954, cuando los sucedáneos sintéticos cubrieron la demanda del gran público; sin embargo, entonces se produjo un recrudecimiento de la caza de manatíes por su carne.

Entre 1935 y 1954 fueron capturados unos 200.000 ejemplares y, hasta los primeros años 60, continuaron sacrificándose anualmente entre 4.000 y 10.000 animales. A mediados de esta década, el número anual de capturas descendió a unos 1.000-2.000, lo cual reflejaba la drástica reducción de la especie. En 1973 se decretó su protección legal en Brasil, pero continuó la caza por razones de subsistencia e incluso para la explotación comercial a pequeña escala.

En otras zonas de su rango de distribución geográfica también han disminuido sensiblemente los efectivos del manatí del Amazonas. En Ecuador, por ejemplo, la caza practicada por los colonos y militares acabará extinguiendo la especie en un plazo de diez a quince años si continúa al ritmo actual.

Otras causas que amenazan la supervivencia del manatí del Amazonas son las redes, que pueden ahogarlo, y la degradación de los bancos de vegetación emergente a causa de la erosión del suelo. La deforestación masiva de la cuenca amazónica no sólo es la causa de este último problema, sino también de la disminución de la pluviosidad y, por tanto, del nivel de las aguas.

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