Lince ibérico

El Lince ibérico está en peligro de extinción

Nombre científico: Felis pardina

20 animales en peligro de extinción

El lince ibérico es el único gran felino de la fauna mediterránea. Hace cincuenta años era omnipresente en los montes de la mitad sur de la península Ibérica y hace tres siglos en su práctica totalidad. En la cordillera pirenaica, el lince ibérico y el boreal (Lynx lynx) solapaban sus territorios hasta hace pocos años. Hace quince años el lince ibérico adquirió el poco envidiable título de carnívoro más amenazado de Europa según la UICN, y desde entonces figura en el Libro Rojo de los animales en peligro de extinción.

En 1990, la publicación por Icona-MAPA del estudio realizado por Alejandro Rodríguez y Miguel Delibes (director de la Estación Biológica de Doñana) arrojó un triste balance. Entonces sólo quedaban en España 1.100 linces, repartidos en una decena de poblaciones aisladas entre sí, que se compartimentan de forma acelerada.

Tres son las causas principales de la disminución de las poblaciones de lince ibérico: la caza, directa o indirecta; la destrucción del habitat (sobre todo por transformación del bosque mediterráneo en monocultivo de eucaliptos o pinos); y la mixo-matosis, el NHV y otras enfermedades que afectan a la población de conejos, su principal presa.
Se han mencionado dos tipos de estragos causados por la caza, pues si bien las monterías cobraron, sobre todo antes de la protección oficial del lince, un sinfín de cabezas, hoy es mucho más grave el impacto de la caza indirecta. Especialmente la caza con cepos que, empleados tan insensata como profusamente contra las «alimañas» y conejos, constituye para este superdepredador una trampa poco menos que ineluctable.

El quejido largo y estridente del conejo que ha caído en el cepo no sólo significa para el lince el encuentro con una presa fácil, sino también la presencia de un congénere al que, impelido por su poderoso instinto territorial, intentará expulsar de su feudo con la mayor rapidez posible. O bien de un competidor más débil (zorro, garduña, gato montes u otro carnívoro) que, de paso, adquirirá valor de presa. Es fácil de comprender, por tanto, el valor que tenía el lince ibérico como controlador de las poblaciones de depredadores más débiles, especialmente de los raposos que hoy tanto abundan en los predios que hace algunos años patrullaba sin tregua.

El territorio que el lince defiende ferozmente de todo competidor posible, cuyos límites marca cuidadosamente con sus deyecciones y con las finas vaporizaciones de su orina, abarca unas 4.000 hectáreas (1.300 a 7.800 Ha en invierno y algo más en verano). Dentro de este territorio, que conoce palmo a palmo, la actividad del lince es preferentemente crepuscular, aunque también se muestra activo durante la noche o incluso de día.

Para que el lince ibérico sobreviva, su territorio debe reunir unos requisitos básicos. En primer lugar, debe ofrecer cobijos apropiados, en forma de peñascales o tupidas espesuras, para ponerse a salvo de sus enemigos y de las inclemencias del clima. En segundo lugar, debe disponer de abrevaderos apropiados y de un cazadero, es decir, de una zona rica en conejos y otras presas, y reunir las condiciones adecuadas para que el lince pueda desarrollar su estrategia de caza.

Como ya hemos dicho, la presa habitual del lince es el conejo, que captura al acecho dándole muerte con una certera dentellada en el cuello. Con esta técnica de caza puede matar piezas que le superan ampliamente en corpulencia y peso. Crías de ciervo o de gamo, jabatos e incluso alguna vieja cierva o venado enfermo figuran también en su menú, aunque muy ocasionalmente, porque para conseguir el kilo escaso de carne fresca que le proporcionarán tales presas (el lince ibérico no regresa nunca para acabar los restos de sus víctimas), le resulta más fácil y menos arriesgado cobrar piezas pequeñas.

cuales son las especies en peligro de extinción

Para la caza, el lince utiliza la vista y el oído. Sobre todo la primera, ya que con sus penetrantes ojos verdes, que según la leyenda podían traspasar las piedras, es capaz de ver un ratón a 75 m y un corzo a medio kilómetro. Esta aptitud tan prodigiosa, tema de un refrán por todos conocido, el lince la combina con la potencia de sus largas patas cimbreadas. Éstas le permiten desarrollar, durante cortos trechos, carreras rapidísimas y dar espectaculares saltos de más de 5 m, gracias a los cuales captura, durante la fase de ataque de la caza, la pieza elegida desde el lugar de acecho.

Las aptitudes auditivas del lince no van muy a la zaga de sus posibilidades visuales, ya que sus enhiestas orejas, coronadas por largos pinceles negros, son dos pabellones móviles capaces de captar, identificar y localizar como un radar hasta los ruidos más leves de sus fugitivas presas.

Otro rasgo que potencia su gran capacidad cazadora y. en general, su forma de desenvolverse en el matorral y en el bosque mediterráneo, es su capacidad de moverse sin ser visto ni oído. La coloración de su pelaje, incluida la de su curiosa faz discoidal de cuatro puntas, es muy disruptiva, en perfecto equilibrio con el juego de luces y de sombras de la espesura. Por último, los pelos del vientre, largos y sedosos, ahogan el ruido del lince durante el furtivo rececho antes de saltar sobre la presa.

La principal época de celo del lince ibérico es el mes de febrero. No obstante, en el Coto de Doñana, cuyo clima es más favorable que el de las sierras del interior, las hembras entran en celo a principios de año, y algunas incluso durante los últimos dos meses del año anterior. El período de gestación es de 63 a 73 días, al cabo de los cuales la hembra pare dos a tres crías, rara vez una o cuatro, en un «nido» oculto que puede ser un tronco hueco de árbol, una madriguera de tejón, un viejo nido de cigüeña o rapaz, o una simple cama u oquedad oculta entre la espesura.

Las crías abren los ojos a los nueve o diez días, y no comienzan a salir del cubil hasta los dos meses, porque su desarrollo es muy lento. Durante los ocho o diez meses siguientes, los jóvenes linces permanecen cerca de su madre, que los alimenta y ensena las técnicas de caza. Cuando la madre entra de nuevo en celo, disuelve la familia y busca el territorio nupcial de un macho solitario. Al parecer, es atraída por el olor de las marcas que éste deja en sus lindes y que, en cualquier otra época prohiben —o al menos esto intentan— la entrada de cualquier otro congénere, incluso del sexo contrario.

A pesar de la estricta protección oficial, parece que las poblaciones de lince continúan descendiendo, entre otras razones porque los únicos territorios protegidos oficialmente son el Parque Nacional de Doñana (50 ejemplares) y los parques nacionales de Cabañeros y Monfragüe (272 ejemplares). La desaparición de esta magnífica especie no sólo constituiría una pérdida irreparable para España, sino también para el mundo, ya que el lince ibérico es una especie endémica de la Península y, por tanto, no existe en ningún otro lugar del planeta —ésta es hoy día la opinión más extendida— o bien comparte su status con las exiguas poblaciones de lince que habitan en los Balcanes y el Cáucaso, cuyo estado de conservación es, si cabe, más crítico que el de las nuestras.

causas de los animales en peligro de extinción

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.