Leopardo de las nieves

El Leopardo de las nieves está en peligro de extinción

Nombre científico: Panthera uncia

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Esta magnífica especie vive en las altas montañas del centro de Asia. Es decir, en el techo del mundo. En verano suele habitar en las estepas y prados alpinos, hasta los 6.000 m de altitud. Pero en invierno suele perseguir a sus presas hasta los bosques que se encuentran por debajo de los 2.000 m. A pesar de su aspecto corpulento, es un animal muy ágil, elegante en sus movimientos y capaz de dar grandes saltos. Suele acechar o acercarse furtivamente a la presa, saltando de improviso sobre ella, a veces desde una distancia de 15 m.

Entre sus presas figuran cabras y ovejas salvajes (íbices, argalíes, markhores, thars, etc.), ciervos almizcleros, marmotas, picas, liebres, ratones y aves. En invierno, ciervos, jabalíes, gacelas y liebres constituyen la parte esencial de su dieta. Con frecuencia, el leopardo de las nieves sigue a las presas en sus migraciones, desplazándose, por tanto, a altitudes distintas. A veces también ataca el ganado y por ello no goza de la simpatía del hombre.

Es activo de día, sobre todo a primeras horas de la mañana y últimas de la tarde. Suele descansar en alguna grieta o caverna rocosa. Está muy adaptado a la oscilación térmica de los territorios en los que habita y su pelaje se torna mucho más espeso en invierno. Otra adaptación a los rigores del clima es el cojín de pelos que cubre la planta de sus pies y manos, para protegerlos del frío y distribuir mejor su peso sobre la nieve blanda.

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El leopardo de las nieves es un animal solitario, excepto durante la época de cría. Sin embargo, como el tigre, no es insociable: a veces, sobre todo cuando tiene que ocuparse de las crías, el macho y la hembra cazan en pareja y comparten su territorio. En Nepal, donde ha sido estudiado recientemente, los territorios oscilan entre 12 y 30 km2. No obstante, aunque tanto los territorios de animales del mismo sexo como los de distinto sexo se solapan casi por completo, siempre evitan la presencia del otro.

El leopardo de las nieves no ruge —a pesar de tener ligamentos elásticos en el hueso hioides—, pero emite una serie de vocalizaciones, entre ellas un gemido sonoro para atraer al sexo opuesto. En primavera (abril a junio), después de una gestación de 90 a 100 días, la hembra pare dos o tres crías, rara vez una o cinco, en una guarida rocosa revestida de pelos maternos. Los cachorros abren los ojos entre los siete y nueve días, ingieren su primer alimento sólido a los dos meses y siguen a la madre a los tres. Cazan junto a ella durante su primer invierno de vida y alcanzan la madurez sexual a los dos años de edad. La longevidad máxima en cautividad es de diecisiete a diecinueve años.

El leopardo de las nieves está clasificado como especie amenazada de extinción por la UICN y la CITES lo incluye en el Apéndice 1. La causa principal de la disminución de sus efectivos es la caza, que se practica por tres motivos: por ser considerado con cierta razón un depredador de animales domésticos; por su elevado valor como trofeo; y por su piel, que es muy apreciada. Aunque en China es una especie protegida, continúa siendo cazada con ahínco. Según George Schaller* hace pocos años su piel era vendida sin tomar ninguna precaución.

La declaración de una zona Droteqida en el Tibet constituiría un gran hito en la protección de esta especie, cuyos últimos efectivos en estado salvaje han sido estimados en 5.000 ejemplares, aparte de los 450 cautivos, aunque evaluaciones más pesimistas (Fierre Pfeffer, 1992) apenas contabilizan 2.000. La conservación de éste y otros felinos es una tarea urgente no sólo por su indiscutible valor emblemático, sino también por su importancia en los ecosistemas del mundo. ¿A qué se debe, sino es a un prodigio de la evolución sabiamente orquestada por la necesidad ecológica, la existencia de 37 especies de félidos repartidas prácticamente por todo el planeta? Estas especies, perfectamente adaptadas a su ambiente, actúan, cada una por su lado, sobre un abanico determinado de presas, seleccionando sus poblaciones para mejorarlas y limitando su número a fin de evitar hecatombes masivas por enfermedades o grandes hambres.

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