Koala

El Koala está en peligro de extinción

Nombre científico: Phascolarctos cinereus

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El Koala es, junto con los grandes canguros, el más conocido y popular de los marsupiales. Símbolo de una conocida línea aérea australiana, es uno de los tesoros nacionales de Australia. Pero el «osito de peluche viviente» como es considerado hoy día, no siempre fue un animal apreciado.

A pesar de la mala calidad de su piel y del mal sabor de su carne, fue objeto de una activa caza durante los primeros años de la colonización europea. Esta matanza que se cobró millones de víctimas, sumada a la tala de los bosques y a los numerosos y recurrentes incendios sufridos durante la segunda mitad del siglo pasado, llevó a la especie al borde de la extinción: en 1930 sus efectivos eran tan bajos que las esperanzas de su recuperación eran prácticamente nulas.

Afortunadamente, la prohibición de su caza y la declaración en 1944 de especie protegida en el sur del país detuvieron su declive y le permitieron restablecer sus efectivos. Posteriormente, la protección del koala se extendió a los estados orientales de Australia y el Departamento de Pesca y Vida Salvaje remtrodujo la especie en varias localidades del estado de Victoria.
Debido a su aspecto tierno y pacífico de osito de peluche, muchos lo definen como un «oso marsupial»: incluso parte de su nombre científico, aretes, en griego significa oso. Pero el parecido es sólo superficial, porque ni siquiera existe una convergencia evolutiva: el koala es un animal con exigencias ecológicas únicas, que no tienen parangón en el mundo animal. Aunque otras especies marsupiales se alimentan de los eucaliptos, como, por ejemplo, los petauros (incluido el gimnobelí-deo) que explotan su savia, ninguna otra basa su dieta casi exclusivamente en las hojas de estos árboles.

Sólo existe cierto paralelismo con el pando —que se nutre exclusivamente de ciertas especies de bambúes que crecen en las selvas nubosas de Szetchwan, China— y. sobre todo, con el perezoso que. aun perteneciendo aun orden evolutivamente muy alejado del koala, ha desarrollado adaptaciones anatómicas y fisiológicas muy similares para hacer frente a su dieta de hojas De las aproximadamente quinientas especies de eucaliptos australianos, apenas unas treinta forman parte de la dieta del koala, y sólo cinco pueden considerarse esenciales: dos son sus preferidas en el sur, y otras tres en el norte. Algunos autores lo han observado comiendo hojas de otras especies vegetales, como muérdagos australianos, Tristania, kapok e incluso pinos, pero éstas constituirían una mínima parte de su régimen alimenticio. De hecho, su relación con los eucaliptos es tan estrecha que incluso su cuerpo desprende un fuerte olor a esta esencia.

Un koala adulto ingiere cada día entre 300 y 500 g d hojas de eucalipto, después de haber examinado y seleccionado unos 9 o 10 kg. Una dieta tan especial, basada en un alimento de tan bajo poder nutritivo —muy bajo en proteínas y muy elevado en fibra— y con una concentración bastante elevada de sustancias tóxicas, le ha obligado a desarrollar diversas adaptaciones.
En primer lugar, algunos de los componentes perjudiciales de las hojas son destoxificados en el hígado y eliminados con la defecación. En segundo lugar, el intestino ciego se ha alargado hasta la increíble longitud de 2 m o más: es el más largo de todos los mamíferos con relación al tamaño de su cuerpo. En su interior se produce una larga fermentación a cargo de bacterias simbiontes, que permite al koala digerir la celulosa de las hojas. El intestino ciego tiene una función similar a la del rumen de las ovejas y vacas, excepto en lo que respecta al papel de acumulador de alimento, ya que el koala no tiene —mejor dicho, no tenía— depredadores naturales y no se ve obligado a huir cuando está en pleno proceso digestivo.

Otra adaptación con repercusiones fisiológicas y metabólicas es la extremada lentitud de sus movimientos y su necesidad de descanso: el koala duerme unas 15 horas al día y descansa otras 5, lo cual ha dado lugar a la creencia errónea de que los componentes del eucalipto tienen para él efectos narcóticos.

Por último, el koala obtiene el agua necesaria para su metabolismo de las mismas hojas de eucalipto que constituyen su dieta. Sólo bebe cuando está enfermo o el calor es excesivo. Según el zoólogo español Iñaki Fernández Calvo, koala significa «el que no bebe».

Es un animal arborícola y sólo en contadas ocasiones pone los pies en el suelo para caminar lentamente hasta otro árbol nutricio o para lamer la tierra o la grava, que le ayuda en su proceso digestivo. Entre sus adaptaciones a la vida arbórea destacan las fuertes y afiladas uñas y los dedos oponibles en todas las extremidades. En las manos, los dos primeros dedos se oponen a los tres, mientras que en los pies sólo el pulgar es oponible y los dedos segundo y tercero están unidos en uno solo.
El koala es un representante típico del grupo de especies que, para reproducirse, siguen la estrategia k (reducido número de crías a las que se presta la máxima atención para aumentar las probabilidades de supervivencia).

En efecto, el koala sólo tiene una cría, a la que la madre dedica todo tipo de cuidados durante más de un año. La cría recién nacida pesa menos de 0,5 g y se agarra firmemente a uno de los pezones de la hembra, situados en el interior de la bolsa. No se mueve en los cinco o seis meses de lactancia. El destete se prolonga por espacio de unos dos meses, tras los cuales la cría abandona definitivamente la bolsa, aunque continúa agarrándose a la madre, de su dorso o de los hombros, durante cuatro meses más. Mientras sus dimensiones se lo permiten, se refugia en la bolsa materna siempre que se presenta alguna amenaza. A los once meses de edad, la cría que ya ha completado practicamente su desarrollo comienza a independizarse, pero suele vivir cerca de la madre algunos meses más.

La imagen de una madre koala llevando a su cría colgada del hombro ha dado la vuelta al mundo y constituye el paradigma del amor maternal. Pero si aceptamos el testimonio del zoólogo Ivan Sanderson, estas solicitudes extremas no excluyen que, cuando la cría es excesivamente traviesa, la madre la coloque de espaldas sobre sus rodillas y la azote en las nalgas con la palma de la mano durante varios minutos, haciéndola chillar de forma angustiosa.

El aspecto más curioso del desarrollo del joven koala corresponde, sin duda alguna, al destete. Cuando transcurridos los cinco o seis meses de lactancia la cría sale de la bolsa (que se abre hacia atrás), se dirige hacia el ano de la madre para comer la papilla que ésta produce en el ciego de su intestino. Aunque no está demostrado, se cree que mediante este destete inusual la madre transfiere a la cría los microorganismos que luego le serán necesarios para poder digerir las hojas de eucalipto que constituirán su dieta de adulta.

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Poco después, la cría aprenderá a reconocer las especies de eucaliptos. También aprenderá a escoger cuidadosamente las hojas de cada árbol nutricio. Porque el koala no sólo es exigente con las especies de eucalipto, sino también con el grado de madurez de las hojas. Hasta tal punto que si éstas son demasiado jóvenes o tiernas pueden provocarle la muerte por su elevado contenido de ácido cianhídrico. Los cambios estacionales en la composición de los aceites esenciales de los eucaliptos tienen efectos análogos y, a veces, los koalas se ven obligados a recorrer grandes distancias para encontrar hojas cuyos aceites no impliquen ningún riesgo para su salud.

Los machos koala son hasta un 50% más pesados que las hembras, como corresponde a una especie fuertemente poligínica (poligamia «en provecho» del macho; que se aparea con varias hembras, pero no a la inversa). Las hembras alcanzan la madurez sexual a los dos años de edad, al igual que los machos, pero éstos deben esperar dos años más para aparearse, porque los más corpulentos y viejos, con los cuales no pueden competir a causa de su exigua fuerza, acaparan todas las hembras.
La longevidad del koala alcanza los 20 años y, en cambio, el período de gestación de la hembra es muy corto: de 25 a 30 días. Como buen marsupial, pare crías en un estado de desarrollo que, en un placentario, correspondería a los primeros estadios fetales.

Las numerosas agresiones entre los machos durante la estación reproductora (primavera y verano australes) van acompañadas de poderosos bramidos que se oyen en la noche a gran distancia. Aunque no siempre eviten las peleas, sus bramidos suelen ahuyentar a los machos intrusos en el territorio que el «pacha», o macho reproductor, comparte parcialmente con las hembras, a las que cubre sin tregua (siempre que estén receptivas). Las hembras y los machos subadultos, en cambio, se limitan a emitir un sonido áspero y sollozante cuando son molestados por los machos adultos.
Fuera de la estación reproductora, los koalas son animales solitarios y su comportamiento social se reduce al mínimo, aunque cuando las especies favoritas de eucalipto son abundantes, sus poblaciones pueden alcanzar un número importante.

Poco más se sabe sobre la ecología y el comportamiento de estos simpáticos animales y, por ello, se ha abierto un importante debate sobre la estrategia más adecuada para su conservación.
Antes hemos dicho que las poblaciones de koala se recuperaron considerablemente a partir del decreto que prohibía su caza. Sin embargo, no debemos olvidar que, a lo largo de los últimos 70 años, su población ha descendido desde varios millones hasta los 400.000 efectivos con que cuenta ahora (quizá menos, ya que los recuentos no se han hecho con mucho rigor), ni que esta cifra continúa en descenso como consecuencia de la destrucción de su habitat y de la ocasional recurrencia de epidemias letales.
Las primeras voces de alarma surgieron en 1985, cuando un veterinario de Brisbane (Queensland) afirmó que una epidemia de candidiasis estaba azotando las poblaciones de koala australianas. La enfermedad, que se transmitía por vía genital o por contacto con las secreciones, podía provocar ceguera, infertilidad femenina, neumonía e infecciones de la vejiga, pudiendo causar incluso la muerte.

A pesar de los esfuerzos realizados para controlarla, en 1989 había infectado al 40% de la población de koalas. Esta situación obligó a la Fundación Australiana Koala y a otras entidades —WWF, Fondo Australiano de Conservación, etc.— a intensificar sus esfuerzos y a proponer soluciones más drásticas, como poner en cuarentena al mayor número posible de koalas infectados. Pero pronto se empezó a sospechar que la enfermedad había convivido durante milenios con la especie koala, creando, eso sí, grandes fluctuaciones periódicas en sus efectivos.
En definitiva, según la opinión hoy más extendida, durante los últimos años se habría producido un recrudecimiento de una enfermedad que ya era endémica de la especie koala.
Sin embargo, aunque mitigado, el peligro sigue acechando, porque el recrudecimiento de la enfermedad podría ser más duradero que en el pasado, a causa, sobre todo, de la degradación del entorno.

Uno de estos problemas es la destrucción del habitat, que no sólo representa la desaparición del territorio vital del koala, sino también el de su despensa específica. Durante los últimos años se han destruido millares de eucaliptos a lo largo de la costa oriental de Australia para obtener nuevas tierras urbanizables y agrícolas. Esto significa que una parte importante de la despensa inicial del koala ha desaparecido bajo las excavadoras o las sierras mecánicas, y en las parcelas restantes se ven obligados a consumir todas las reservas porque el gasto energético que supondría viajar a otros bosques sería superior a sus fuerzas.

Agotar las reservas sin la posibilidad de trasladarse a otros lugares, lleva inexorablemente a la muerte por inanición, pero, mucho antes de consumarse este proceso, los koalas ya empiezan a dar inequívocas muestras de debilidad. En ese momento se convierten en fáciles víctimas de la candidiasis que, en poblaciones con un mayor habitat disponible y, por tanto, mejor alimentadas, tiene menor incidencia.

En muchos casos la fragmentación no es tan grave y las parcelas de habitat adecuado para el koala no han quedado muy alejadas unas de otras. Pero entonces acecha otro peligro, denominado enfermedad Dunlop por los australianos: morir bajo las ruedas de un automóvil, algo tan habitual que permite a los científicos disponer regularmente de ejemplares muertos para sus investigaciones.

Afortunadamente, la batalla por la supervivencia del koala en Australia se libra ahora en tres frentes: el laboratorio, el bosque y el espacio legal y político.
Varios equipos de microbiólogos están investigando todas las cepas de clamidia que afectan a los koalas, e intentan desarrollar una vacuna. Los biólogos, por su parte, recogen datos de campo para perfeccionar el control de las poblaciones silvestres, determinar con mayor precisión las extensiones mínimas de territorio degradado o reducido a fragmentos que estos animales necesitan, y cuáles son sus exigencias alimentarlas precisas. Se espera que estos últimos estudios permitan el desarrollo de un pienso para animales cautivos que elimine, al menos en parte, los elevados gastos que representa su dieta.

Incluso urbanistas, ingenieros y legisladores están tomando cartas en el asunto. Mientras unos realizan innovativos diseños que mantienen el habitat del koala en los nuevos desarrollos residenciales y suburbanos, otros construyen sistemas viales que rodean sus territorios u obligan a conducir despacio, y los políticos dictan leyes que regulan las actividades humanas y el control de los perros en sus territorios.

Es evidente que los esfuerzos desplegados para proteger esta especie tan emblemática también redundarán en la salvación de otras que comparten los mismos hábitats y que están mucho más amenazadas, aunque se les preste menor atención.

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