Indri

El Indri está en peligro de extinción

Nombre científico: Indri indri

animales en peligro de extinción y sus causas

El indri pertenece a una familia de prosimios lemuriformes, la de los índridos. En otro tiempo estaba muy extendida en Madagascar, pero hoy apenas sobreviven tres géneros. Los índridos actuales son primates corpulentos, diurnos y devoradores de hojas. Son casi exclusivamente arborícelas y sólo descienden al suelo para comer cortezas o tierra, o para cruzar pequeñas extensiones de terreno descubierto. Se mueven por debajo de las copas de los árboles, saltando de un tronco a otro, con el cuerpo en posición erecta. Entre los índridos subfósiles, extinguidos hace apenas uno o dos millares de años probablemente a causa de la presión ejercida por los primeros pobladores humanos, se contaban algunos gigantes como el Paleopropithecus y, sobre todo, el Archaeoindris, cuyo tamaño era comparable al de un orangután.

El indri es la especie de mayor tamaño y el mayor de los prosimios actuales. Su cola es muy corta y su pelaje, con alternancia de grandes zonas blancas y negras, suele recordar el del panda, aunque en realidad es muy variable: se han observado casos de ejemplares completamente negros y otros casi blancos. Los pies tienen un pulgar largo y oponible, y los demás dedos están unidos hasta la primera articulación por una membrana. El hocico es pequeño y casi desnudo, los ojos grandes y la piel negra como el azabache.

Vive en las pluviselvas costeras y montañas desde la orilla del mar hasta 1.800 m de altura, en el centro y NE de Madagascar. Es diurno y arbóreo y se desplaza dando grandes saltos entre las ramas verticales y troncos. Durante estas acrobáticas demostraciones es capaz de salvar distancias de 10 m, aunque la mayoría de sus saltos no supera los 5 m. En tierra adopta una posición erecta y suele avanzar a saltos, con sus cortos brazos levantados por encima de los hombros y con el cuerpo ligeramente inclinado hacia atrás.

Suele encontrarse en los árboles a alturas comprendidas entre 2 y 40 m, donde pasa la mitad de su tiempo activo comiendo. El período de actividad comienza dos o tres horas después del alba, para terminar dos o tres antes del ocaso; el período de actividad es, por tanto, algo más corto en invierno que en verano.

Los grupos de indris recorren unos 300 a 700 m al día, casi siempre en busca de hojas, flores y frutos. Suelen alimentarse llevándose las ramas a la boca con las manos y mordiendo la parte comestible. A pesar de su gran tamaño, sus manos y pies prensiles les permiten colgarse de ramas delgadas para alcanzar los alimentos. A veces, cuando descienden al suelo, ingieren tierra, probablemente para facilitar la digestión. En cualquier caso, el intestino ciego bien desarrollado del indri alberga una importante microflora, capaz de fermentar la celulosa de su alimentación foliar.

Los indris viven en pequeños grupos familiares formados por un solo adulto reproductor de cada sexo y su progenie. Se trata de una especie exclusivamente monógama, que vive entregada a su consorte y a su descendencia. Según recientes estudios, este altruismo se explicaría por la limitación de recursos del habitat, hipótesis que adquiere más fuerza si se tiene en cuenta que los nacimientos sólo se producen cada dos o tres años, para que los frutos, yemas y brotes puedan renovarse.

Sin embargo, el altruismo es mayor entre los machos adultos que entre los individuos jóvenes y las hembras. Cuando tienen que competir por el alimento, se produce una gran agitación en el seno del grupo y. muy a menudo, la hembra y los individuos jóvenes desplazan al macho adulto. Pero éste siempre vuelve a ser aceptado, porque, cuando el territorio es invadido por intrusos, siempre se encarga de la defensa, mientras la hembra se refugia en un lugar bien seguro.

Los grupos de indris defienden territorios de 18 a 30 ha y, en los lugares donde la especie es abundante, la densidad de población es de 9 a 16 individuos por km2. Los machos marcan el territorio con unas glándulas situadas en cada mejilla, y ambos sexos hacen lo propio con las glándulas anogenitales. Los indris también defienden el territorio con series de aullidos modulados e intensos, casi humanos, que se pueden escuchar a 2 km de distancia y que emiten con bastante frecuencia. La extraordinaria potencia de estas vocalizaciones se debe a la presencia en la garganta de una bolsa muy desarrollada, particularidad anatómica única entre los prosimios. Además de utilizarlos con un fin agonístico durante los encuentros con otros grupos, los indris profieren con frecuencia estos «cantos» para llamar a los miembros que se han separado de su grupo. Entre su repertorio vocal se encuentran los gritos de alarma dirigidos a los predadores terrestres (una especie de ululación) y aéreos (un rugido), y reclamos más suaves (gruñidos, zumbidos) dirigidos a los miembros del grupo.

La hembra del indri tiene una cría única cada dos o tres años. El apareamiento se produce a mediados de verano, la gestación dura unos 130 días y la cría nace en el mes de mayo siguiente. La madre lleva la cría sobre la espalda entre 15 y 28 semanas, y el destete tiene lugar a los seis meses.

El indri juega un papel esencial en el folclore malgache. Por su gran tamaño, su pequeña cola y sus vocalizaciones casi humanas, los habitantes de la gran isla lo consideran como el ancestro del hombre. Esta arraigada creencia explica que sea tratado con gran respeto y que apenas se le persiga. Sin embargo, como muchas otras especies malgaches, sufre las consecuencias de una deforestación acelerada que destruye o fragmenta su habitat. Las poblaciones han reducido considerablemente sus efectivos y la fragmentación del habitat forestal crea serios problemas de endogamia. Las reservas donde se encuentra esta especie sufren los problemas típicos de muchos parques malgaches y africanos: escasez de medios económicos y, por tanto, de personal de vigilancia, límites mal señalados o sin señalizar y extensiones insuficientes para proporcionar una protección adecuada. Los indris tienen, por tanto, una tasa de reproducción baja y no sobreviven en cautividad.

La UICN considera el indri como especie en peligro de extinción y la CITES lo incluye en su Apéndice 1. Como otros prosimios, está protegido legalmente en la república de Madagascar y cuenta con la protección adicional de la costumbre local. Sólo cabe esperar que la deforestación acelerada de la isla invierta su curso en los territorios donde habita esta bellísima especie.

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