Guepardo

El Guepardo está en peligro de extinción

Nombre científico: Acinonyx jubatus

los animales en extincion
El guepardo es el animal más veloz de la Tierra: es capaz de correr a más de 110 km/h y su cuerpo, de estilizada y elegante estructura, ofrece una imagen de rapidez y agilidad que la realidad no desmiente. Se dice que un ejemplar alcanzó los 114 km/h en una distancia de 640 m y se ha hablado incluso de 120 km/h. En cualquier caso, se trata de velocidades punta que el guepardo sólo puede alcanzar y mantener en trechos muy cortos.

Pero la flexible estructura del guepardo y su increíble adaptación a la carrera, a la que no sólo contribuyen sus largas patas, sino también su garras semirretráctiles que aportan una tracción suplementaria en la carrera final, es también su punto débil. Su limitada resistencia lo obliga a cazar en terrenos despejados, pero siempre provistos de la cobertura natural suficiente para un acecho efectivo. Su habitat ideal son los islotes diseminados de intrincada maleza, desde los cuales no sólo puede acechar a las presas, sino también reposar e instalar sus parideras. Aunque no trepa, es capaz de subir a los troncos inclinados, que utiliza como oteros; a veces se sirve de atalayas tan peregrinas como vehículos aparcados e incluso rampas de embarque de los aeropuertos locales.

El guepardo vive solo o en pequeños grupos formados por una hembra con sus cachorros o por dos a cuatro machos, normalmente emparentados entre sí. Las «coaliciones» de machos suelen defender el territorio común frente a otros machos, lo cual facilita su acceso a las presas y a sus posibles parejas. Marcan su territorio orinando a intervalos regulares de tiempo sobre los objetos más prominentes. Esta actividad también es utilizada por las hembras en celo para atraer a los machos; éstos, cuando descubren el olor, siguen el rastro emitiendo aulllidos.
Aunque el guepardo suele ser amigable con sus congéneres, cuando varios machos se disputan una hembra en celo, son capaces de luchar con bastante violencia. Como de costumbre, el macho ganador es el que se aparea. También se han observado violentas luchas entre grupos de machos territoriales y machos nómadas (caso más infrecuente que el de las hembras solitarias y nómadas), que a veces conducen incluso a la muerte de alguno de los intrusos.

Tras un período de gestación de 90 a 95 días, las hembras paren de una a ocho crías, casi siempre tres o cuatro. Los cachorros abren los ojos entre los cuatro y once días y son destetados a los tres y seis meses. Comienzan a seguir a la madre a las cinco o seis semanas y la familia cambia entonces su escondrijo con cierta regularidad, a veces incluso cada día. El padre no contribuye a la alimentación de las crías ni a la enseñanza de las técnicas de caza.

Si por sus características faciales —cabeza redondeada, ancha frente, nariz pequeña— y su actitud desvalida los cachorros de los felinos despiertan instintos maternales o paternales en los seres humanos, los de los guepardos baten probablemente todos los récords. Algunas semanas después de su nacimiento, además de su deliciosa apariencia gatuna, exhiben una espesa melena de un bello color plateado en la nuca y el dorso.
especies en extinción
El guepardo fue domesticado y utilizado para abatir piezas de caza hace más de 4.000 años. Fue empleado en el antiguo Egipto, en Sumeria y Asiria y, más recientemente, por los miembros de la realeza en Europa, India, Abisinia y Arabia. En el siglo XVI, el emperador mogol Akbar llegó a reunir una «escudería» de 1.000 guepardos de caza. Los felinos se capturaban ya adultos porque era imposible enseñar a las crías las técnicas de caza.

Una vez amaestrado, generalmente con métodos bastante crueles que creaban en el animal una dependencia patológica de su amo, se empleaban técnicas muy similares a las de la cetrería. Cuando se llevaba de caza se cubría su cabeza, como si fuera un halcón, y sólo era desencapuchado cuando la pieza estaba a la vista. Si conseguía abatirla, era recompensado con un trozo de carne. El animal no tenía escapatoria alguna, ya que, si intentaba huir, pronto quedaba agotado y era capturado fácilmente a caballo.

La caza de guepardos con fines cinegéticos contribuyó notablemente al declive de la especie, sobre todo en Asia, donde ha desaparecido casi por completo. Sólo viven algunos individuos en «Persia»: Irán y, eventualmente, territorios adyacentes de Pakistán, Afganistán y Turkmenistán. El último guepardo de la India fue abatido a tiros en los años 50.

En África la especie está muy difundida, pero es muy rara en el N y O del continente. Ha desaparecido prácticamente de la mayor parte de África del Sur y de gran parte de África oriental, donde ha sido diezmada por cazadores furtivos al volante de vehículos todo terreno y pertrechados con rápidas armas de fuego. En Kenia, sin embargo, parece que mantiene sus poblaciones en bastante buen estado, ya que ha demostrado un notable grado de adaptación ante la invasión turística. Sin embargo, es conveniente matizar las diferencias de adaptabilidad entre los «guepardos tímidos», mucho más susceptibles, y los «guepardos educados» —denominaciones utilizadas por los guías profesionales—, aunque es probable que, por selección o aprendizaje, la mayoría de los primeros formen ya parte de la segunda categoría.

Una de las últimas estimaciones de la población mundial de guepardos sitúa su número entre 10.000 y 15.000 ejemplares. La UICN clasifica la especie como vulnerable y la subespecie asiática, como amenazada de extinción. La CITES, por su parte, la incluye en el Apéndice 1.
Además de la caza furtiva por el valor de su piel o porque es considerado una alimaña, todavía subsisten para la especie dos grandes amenazas: la caza de sus principales presas, los antílopes y gacelas —de ahí que los conservacionistas propongan al mismo tiempo nuevas reservas para los guepardos y una legislación más severa para regular la caza de gacelas—, y la consanguinidad.
Sin embargo, es posible que los adelantos científicos en el estudio genético de las poblaciones y en las técnicas de reproducción artificial o asistida consigan frenar, e incluso detener, la fatal decadencia de esta emblemática especie.
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