Gibón común

El Gibón común está en peligro de extinción

Nombre científico: Hylobates lar

especies de animales en peligro de extinción
Cuando, hace cien años, el zoólogo alemán Ernst Haeckel (quien empleó por primera vez el término «ecología» en su sentido moderno) reflexionaba sobre el origen del hombre, supuso que nuestros parientes primates más próximos debían ser los elegantes gibones. Haeckel se equivocó, pero en su defensa cabe decir que estos antropoides son los únicos monos que siempre caminan erguidos y que el embrión del gibón se parece sorprendentemente al humano.

Existen nueve especies de gibones, todas ellas pertenecientes al género Hylobates: los más conocidos son el gibón negro, el huloc, el ágil y, por supuesto, el común. Todos son braquiadores muy especializados; se mueven con tal rapidez con este sistema de locomoción, en el que sólo intervienen los brazos, que da la impresión que sus manos y pies apenas tocan las ramas. El gibón común es uno de los más rápidos y el que recorre a diario mayores distancias: 1.490 m por término medio, frente los 1.150 del ágil o los 890 del Müller. Los gibones son los más consumados acróbatas de todos los primates: balanceándose entre los árboles con sus inmensos brazos (que miden una vez y media la longitud de sus piernas) y su cuerpo largo y delgado, saltan de una rama a otra sin aparente esfuerzo. Sus elásticas articulaciones, sus largos brazos y sus finas manos prensiles les permiten desplazarse con gran facilidad entre las lianas. Con un solo salto pueden superar obstáculos de hasta 12 m y. al llegar a la siguiente rama cambiar de dirección sin apenas haberla tocado.

Mientras se columpian en el aire, son capaces de coger frutas o cualquier otro objeto que se les arroje y, en libertad, pueden incluso capturar pájaros en pleno vuelo. Incluso su marcha bípeda fue «diseñada» más para correr sobre las ramas horizontales que para andar en el suelo: cuando caminan se mueven de un modo ondulante, como funámbulos, agitando los brazos, doblándolos por los codos o levantándolos como si quisieran agarrar el aire.

Sus brazos, especializados en la braquiación. son increíblemente fuertes; son capaces de mover un peso quince veces superior al de su cuerpo. Esta fuerza descomunal les impide sufrir una caída fatal desde las grandes alturas en las que se mueven, pues, cuando fallan el tiro en la maraña de las ramas de los gigantes de la selva, corrigen en seguida su falso movimiento y encuentran un asidero con la otra mano en cualquier rama situada en un plano inmediatamente inferior.

Los gibones viven en parejas monógamas y cuando sus crías, generalmente cuatro, llegan a la fase subadulta, son expulsadas de la familia; sin embargo, permanecen en su periferia hasta bien entrada la edad adulta. Las hembras son atraídas por los machos solitarios, que señalan su presencia y su soledad con potentes cantos. Cuando dos individuos se aparean, sus cantos se organizan en dúos, proclamando así la presencia de una pareja —al parecer el canto de la hembra sirve, entre otras cosas, para evitar, «diciendo estoy apareada con él», que el macho, más voluble, se una a otra hembra más atractiva— y, más tarde, de un grupo, cuando los jóvenes se unan «en coro» al canto de su madre.

Los cantos de los gibones son los más musicales de todos los mamíferos terrestres. Difieren según las especies y los nombres vulgares que designan algunas de ellas son, de hecho, onomatopeyas: el huloc, el «uau-uau» o gibón ágil, etc. En algunos aspectos, el canto de los gibones se parece al de las grandes aves frugívoras, sobre todo al de los calaos. Es un hecho explicable, ya que, habitando como ellas la parte superior de la bóveda arbórea, deben cantar o vocalizar no sólo para aparearse, sino también para proteger su territorio.

Los gibones son muy territoriales. El gibón común, por ejemplo, defiende el 75% de su territorio. El territorio promedio del género Hylobates es de 34,2 ha. El territorio del gibón común es proporcionalmente mayor que el de otros gibones, ya que en la península de Malasia es de unas 50 ha. La defensa del territorio rara vez implica el contacto físico: los grupos familiares patrullan con frecuencia los límites territoriales y emiten su reclamo o realizan una exhibición gestual («display») para expulsar a los intrusos. Entre las pautas de conducta del «display» se incluyen diversas acrobacias y el romper ruidosamente ramas de árboles. El espaciado de los grupos también se efectúa por medio de ruidosas vocalizaciones, incluso cuando están lejos unos de otros. Esos reclamos o vocalizaciones pueden oírse a varios kilómetros de distancia, y el gibón común los emite de un modo casi incesante durante el 80 a 90% de los días del año, frente al escaso 30% del siamang.

Después de 7 a 7,5 meses de gestación, la hembra del gibón común da a luz una sola cría. Durante los primeros días, se agarra al cuerpo de su madre como si fuera un cinturón. Su destete es muy gradual y no termina por completo hasta los veinte meses de edad.

Las poblaciones de gibones han sufrido graves pérdidas a causa del incremento demográfico, de la caza y de la destrucción del habitat forestal. Aunque algunas especies todavía cuentan con efectivos relativamente importantes, si continúa el nivel actual de deforestación y no remite la caza dedicada a la alimentación o al comercio de animales exóticos, en unos quince o veinte años habrá desaparecido el 80-90% de las poblaciones actuales de gibones y se habrán extinguido el gibón de Kloss (H. klossi), el de cresta negra (H. pileatus) y el negro (H. concolor). Tan sólo en Malasia peninsular, por ejemplo, la deforestación provoca una pérdida anual de 31.000 ejemplares de gibones común y ágil. Todas las especies de gibón, incluido el común, están reseñadas en el Apéndice 1 de la CITES. El de Kloss y el plateado (H. moloch) están considerados por la UICN en peligro de extinción.

De este último (H. molloch) sólo quedan unos 5.000 ejemplares y su habitat ha sido destruido en un 80%. Por último, los gibones negro y de cresta negra son considerados vulnerables por la UICN.

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