Foca fraile del Mediterráneo

La Foca fraile del Mediterráneo está en peligro de extinción

Nombre científico: Monachus monachus

especies en via de extinción
La foca fraile del Mediterráneo es una de las tres especies de un género, único entre los pinnipedos, que vive en mares cálidos o subtropicales. Las otras dos especies del género, la foca de Hawai y la extinguida foca de las Antillas, viven incluso en mares completamente tropicales (los osos marinos de las Galápagos, aunque viven en el mismo ecuador, nadan en aguas bastante frías). Son características de este género la posesión de dos pares de mamas en lugar de uno y un proceso de muda muy peculiar: caen trozos enteros de epidermis con los pelos adheridos a ella.

La foca fraile del Mediterráneo ha estado en estrecho contacto con la civilización occidental durante mucho más tiempo que cualquier otro pinnípedo. Homero ya habla de ella en la Odisea y Aristóteles la disecó y describió científicamente por vez primera. El animal ocupa, además, un lugar importante en la mitología griega: sus protectores eran Poseidón y Apolo.

Sin embargo, como se trata de una especie muy desconfiada, al menos en la actualidad, se conocen muy pocos datos sobre su biología. Las crónicas antiguas indican que vivía en playas de arena —hacia 1610 uno de estos animales fue observado en la playa de Barcelona—, aunque es probable que siempre haya dependido en mayor o menor grado de playas protegidas por acantilados o extensos desiertos, inaccesibles, por tanto, a los predadores terrestres. El crecimiento incesante de la población humana a orillas del Mediterráneo durante los últimos siglos ha ido empujando progresivamente a la foca del Mediterráneo hacia los acantilados e islotes rocosos y desprovistos de agua.

La estructura social de la foca fraile es probablemente poligínica y se supone que el apareamiento tiene lugar en verano. La gestación dura unos once meses —aunque tampoco se conoce con seguridad este dato— e incluye un período de implantación diferida durante el cual el feto no se desarrolla. La única cría tiene un pelaje lanudo y negro, con una mancha blanca en el vientre, característica de la especie. El destete tiene lugar a las seis semanas y la longevidad máxima registrada (en un ejemplar cautivo) es de 23,8 años.

En la actualidad, la mayoría de nacimientos tiene lugar en cuevas y grutas, algunas veces con entradas submarinas, pero es posible que el habitat preferido por la especie para la cría sean las playas situadas bajo los acantilados. No obstante, desde hace unas décadas, a causa del extraordinario aumento del turismo y de la pesca, la foca fraile nunca se acerca a las playas para parir y amamantar a sus crías. Este hecho tiene graves consecuencias para las crías ya que, privadas de la luz del sol en las oscuras grutas donde hoy se ven obligadas a desarrollarse, sufren deficiencias de vitamina D y, por tanto, raquitismo.

La dieta de la foca fraile se compone básicamente de peces y pulpos, que suele pescar a profundidades inferiores a los 30 m porque su capacidad de inmersión es bastante limitada (7 a 8 minutos de duración y 75 m de profundidad máxima). Muestra una gran propensión a aprovecharse de las artes de pesca humana para conseguir su alimento, provocando por ello las iras de los pescadores que la persiguen sin tregua. En tiempos pasados, la foca fraile también era perseguida por su aceite, su piel e incluso su carne. La consecuencia de esta incesante persecución ha sido la drástica disminución de los efectivos de la especie y la fragmentación excesiva de su área de distribución original.

Desde principios del actual siglo, la foca fraile ha desaparecido de las costas españolas, sur de Francia, Crimea, Palestina y Egipto. En 1950 se capturó el último ejemplar en las costas peninsulares (Alicante) y en 1958 el último en las Baleares, donde fue vista por última vez en 1977, en la isla de Cabrera. Antiguamente, esta especie era bastante abundante, según cabe deducir de las viejas crónicas, de las antiguas monedas y de los numerosos topónimos que reflejan su presencia en todo el litoral mediterráneo. De hecho, antes de ser perseguida por el hombre, sus únicos enemigos eran la orca y los grandes tiburones.

Hoy sólo quedan unos cuantos centenares en todo el mundo (500 a 1.000), de los cuales unos 400 viven en el Mediterráneo. Los últimos núcleos reproductivos viables en Grecia, Turquía, Argelia, Marruecos y Mauritania. Las poblaciones que aún subsisten en Madeira, Túnez, Cerdeña, Yugoslavia y Bulgaria son testimoniales y su viabilidad es dudosa. La mayor concentración de focas fraile se encuentra en el mar Egeo, pero si las medidas adoptadas en Grecia para su protección continúan siendo tan poco eficaces, es previsible que la especie desaparezca de este habitat hacia el año 2.000.

Los biólogos de la Sociedad Helénica para el Estudio y Protección de la Foca Fraile Mediterránea (HSSPMS) observan desde hace meses la población de focas que habita en las islas Esperadas Septentrionales, en el mar Egeo. Los investigadores sospechan que esta especie podría contagiarse con el morbilivirus letal que causó la muerte de miles de focas en el mar del Norte en 1988 y de varios delfines rayados en el Mediterráneo occidental en 1990, y que ya afectaba a los delfines de Grecia a principios de 1992.

Si se confirma este posible contagio, se ampliaría aún más la gran lista de agravios a la especie, que incluye la contaminación de las aguas costeras, el turismo excesivo y la actividad pesquera que limita la disponibilidad de su alimento. El aumento de estas dos últimas actividades y el trasiego de embarcaciones a motor que ambas comportan, son especialmente perniciosos para las hembras gestantes, ya que puede llegar a provocarles el aborto. Por último, no hay que descartar la persecución a que sigue siendo sometida por parte de los pescadores, que la consideran un competidor y la acusan de destruir sus redes.

La especie está legalmente protegida en toda la extensión de su rango y se están empezando a tomar medidas protectoras más eficaces. Recordemos a este respecto el famoso rescate de Peluso en las islas Chafarinas, gracias a la acción conjunta de miembros del ICONA, el ejército y el zoo de Barcelona. Este ejemplar de foca fraile —el último que vivió en las costas españolas— tenía el cuerpo rodeado por una anilla que cercenaba sus carnes, amenazándole de muerte. Fue necesario recurrir a los medios más avanzados —helicópteros, lanchas, sofisticado material quirúrgico— para poder extraérsela. También el HSSPMS esta promoviendo una protección eficaz del parque nacional marino de las Esperadas Septentrionales, y se están tomando medidas similares en otras zonas de cría.

Sin embargo, los efectivos de la especie continúan disminuyendo y es urgente tomar medidas más drásticas, como la compensación económica a los pescadores, programas de educación ambiental dirigidos a los operadores turísticos y una protección más efectiva de todas las áreas importantes de cría.

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