Equidna de hocico curvo de Nueva Guinea

El Equidna de hocico curvo de Nueva Guinea está en peligro de extinción

Nombre científico: Zaglossus bruijni

especies en peligro de extinción y sus causas
La equidna de hocico curvo vive en Nueva Guinea. Pertenece, junto con el equidna de hocico recto de Australia y Tasmania (Tachyglossus aculeatus), a la familia taquiglósidos. Hace unos dos millones de años, en el pleistoceno, este equidna, o, mejor dicho, su antecesor inmediato, vivía en Tasmania y en el continente australiano.

El equidna de hocico curvo, junto con el ornitorrinco y el equidna de hocico recto australiano, una de las tres únicas especies del orden monotremas, es el más singular de todos los mamíferos.
En efecto, aunque los monotremas son animales tímidos y discretos, ningún otro orden ha logrado provocar una discusión tan encendida entre la comunidad científica. Cuando en 1798 llegó a Europa el primer ejemplar de ornitorrinco, inmediatamente fue acusado de fraude. ¿Como podía existir un animal provisto de pelo y con pico, un mamífero sin glándulas mamarias que procedía de un huevo?

Sin duda alguna se trataba de una superchería más, similar a las innumerables sirenas de los mares de China, hechas con una cabeza de mono ingeniosamente cosida al cuerpo de un pez, que llegaban entonces a las cortes de Europa.

Sin embargo, el examen detallado de la criatura no reveló la más mínima huella de intervención humana en la pretendida transformación de su cuerpo. Los naturalistas tuvieron que inclinarse ante la evidencia: se enfrentaban a un auténtico rompecabezas zoológico, un animal que mostraba a la vez características propias de las aves y los reptiles y rasgos típicos de los mamíferos.

Tenía pelo como los mamíferos, los ornitorrincos y equidnas, pero, al contrario que éstos, utilizaba un canal único, una cloaca muy similar a la de los reptiles y aves para excretar y reproducirse.

Este detalle tan particular pronto dio a tan extraños animales el nombre de monotremas (del griego mono, uno, y trema, agujero) con el que se conoce este orden. Pero este nombre tan adecuadamente aplicado sólo sirvió para encubrir la confusión de los científicos de la época y que, hasta cierto punto, todavía existe.

Además de la cloaca, los monotremas muestran otros rasgos particulares de los reptiles como la interclavícula de la cintura pectoral, costillas y vértebras. Por si estas características no fueran suficientes para sembrar la confusión, durante parte del siglo pasado subsistió la duda, incluso después de que en 1824 Meckel descubriera su innegable existencia, sobre si poseían o no glándulas mamarias. La homeotermia, o capacidad para regular con precisión la temperatura corporal, de estos mamíferos no fue descubierta hasta el año 1973, porque estos animales tienen una temperatura algo más baja (entre los 30 y los 32 °C) que los restantes mamíferos.

Hoy los monotremas se clasifican inequívocamente entre los mamíferos. Pero subsisten muchas dudas sobre su origen y evolución, porque no se han encontrado fósiles que puedan demostrar la existencia de un eslabón intermedio entre éste y otros órdenes, actualmente extinguidos, más primitivos.

Tampoco está muy claro su primitivismo. Aunque los monotremas, quizá por sus rasgos reptilianos, han sido injustamente calificados como animales estúpidos, lo cierto es que los equidnas poseen un cerebro bastante desarrollado y obtienen puntuaciones muy respetables en los tests de inteligencia, incluso cuando se comparan con otros mamíferos.

Los equidnas son animales de costumbres nocturnas, que buscan su alimento en el sotobosque. Las hembras, que no poseen un auténtico útero, ponen un huevo (en raras ocasiones dos o tres) que luego colocan en un pliegue de la piel ventral, una bolsa temporal que no se parece en nada a la de los marsupiales.

Cuando eclosiona, la cría, desnuda, sorbe la leche amarillenta y espesa que fluye de las glándulas mamarias, cuyo extremo se abre en el interior de la bolsa. En ella permanece hasta que sus espinas se desarrollan y causan serias molestias a la madre; pero ésta no la abandona, sino que la oculta en un refugio seguro, donde continúa amamantándola periódicamente durante casi un año. Poco después, la joven cría alcanza la madurez sexual.

Son potentes excavadores. En suelo blando pueden excavar rápidamente, y se meten en el agujero dejando sólo al descubierto las espinas que protegen su dorso. Si el suelo es duro, ante la menor amenaza se enrollan formando una bola espinosa, con las espinas erectas, como los erizos. También se refugian en leños y troncos huecos y en cavidades bajo raíces o rocas, de donde es prácticamente imposible sacarlos.

Los machos se distinguen de las hembras por su mayor tamaño y por la presencia de un espolón córneo en el tobillo, venenoso como el del ornitorrinco, pero mucho menos peligroso porque no es funcional.

Los equidnas no sólo se caracterizan por su cuerpo cubierto de espinas, sino también por su hocico alargado. Éste es largo y estrecho —más largo y curvo en la especie de Nueva Guinea—, con una lengua prensil, lubricada con una secreción pegajosa de las grandes glándulas salivales, que permite a los animales alimentarse de los invertebrados que conforman su dieta. El equidna australiano se nutre sobre todo de termitas y hormigas, mientras que el de Nueva Guinea se alimenta casi exclusivamente de lombrices de tierra.

La lengua del equidna de hocico curvo de Nueva Guinea está provista de espinas córneas, localizadas en un surco profundo, en las que engancha las lombrices cuando extiende su larga lengua. La boca está situada en la punta del hocico y su apertura es diminuta: sólo se abre lo suficiente para permitir el paso de la lengua cilindrica. Por ello tiene que ingerir las lombrices una a una, cogiéndolas por la cabeza o la cola. A menudo se ve obligado a utilizar las garras delanteras para aguantar la lombriz mientras sitúa el hocico en la posición adecuada.

Es probable que su dieta, tan específica, haya provocado la desaparición del equidna de hocico curvo en el continente australiano, ya que los cambios climáticos registrados a finales del pleistoceno fueron desfavorables para las lombrices.

Por el contrario, el equidna de hocico recto, habitual en Australia y Tasmania, atraviesa en Nueva Guinea una situación incierta. Esta es mucho menos halagüeña para el equidna de hocico curvo, ya que también es incierta en Nueva Guinea y no existe en Australia.

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