Elefante asiático

El Elefante asiático está en peligro de extinción

Nombre científico: Elephas maximus

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El elefante asiático, de menor tamaño que el africano, se distingue de éste por la frente en forma de cúpula, el dorso convexo, las orejas mucho más pequeñas y la trompa con un solo lóbulo. A diferencia del elefante africano, la hembra del asiático tiene unos colmillos tan pequeños que no son visibles más allá de los labios. Una elevada proporción de machos de elefante asiático tampoco tienen colmillos —en Sri Lanka representan el 90% y en la India reciben incluso un nombre específico, makna— y, por tanto, no atraen a los cazadores furtivos que buscan marfil.

Los colmillos del elefante son los incisivos superiores, muy desarrollados tras una lenta evolución. El marfil es una mezcla de dentina, materia cartilaginosa y sales de calcio. El corte transversal de un colmillo muestra un dibujo romboidal que no aparece en ningún otro mamífero y que proporciona auténtico marfil con propiedades únicas de cálido brillo, durabilidad y dureza. Sin embargo, el extraordinario valor que alcanzó el marfil desde 1970 hasta finales de los años 80 obedeció más a criterios especulativos que a sus propiedades intrínsecas.

Hoy, el precio del marfil en el mercado intenacional es inferior al que tenía en el Apéndice 1 de la Cites a finales de 1989 (el asiático había sido incluido antes en este apéndice). Por esta razón, el furtivismo ha disminuido sensiblemente en muchos países. Sin embargo, se mantiene o incluso aumenta ligeramente en otros porque, según los rumores, las mafias del tráfico de marfil lo estarían almacenando a la espera de una futura subida de los precios.

En cualquier caso, y como ya hemos dicho, el tráfico de marfil no representa una grave amenaza para el elefante asiático. El principal problema es la disminución y la fragmentación de su habitat. El elefante asiático invierte 18 horas diarias para comer y consume unos 200 kg de alimentos vegetales al día. Además, como su sistema digestivo no es rumiante —como en los caballos, la fermentación microbiana tiene lugar en el intestino ciego y no en el rumen—, es poco efectivo, y se ve obligado no sólo a ingerir grandes cantidades de alimentos, sino también a escoger los más nutritivos.

Esto significa que el habitat del elefante, además de muy extenso, debe ser muy diverso. En consecuencia, la reserva ideal de una población concreta de elefantes deberá incluir terrenos muy diversos interconectados por corredores de migración adecuados. Sólo así podrán acudir libremente a las zonas más lluviosas, donde las plantas desarrollan sus brotes más tiernos o donde puedan encontrar las sales minerales vitales para su metabolismo. Un elefante adulto necesita beber entre 70 y 90 litros de agua diarios y, aunque es capaz de encontrarla excavando a gran profundidad con sus colmillos y trompa, toda reserva se agota; además, el agua de lluvia es vital para el suministro de materia vegetal.

El menú del elefante asiático se compone de una amplia gama de hierbas, hojas, tallos, brotes (incluidos los de bambú), frutos, raíces y cortezas. Entre sus alimentos favoritos figuran los plátanos, el arroz, la caña de azúcar y otros cultivos, lo cual le convierte en una auténtica plaga en determinadas zonas.

Antiguamente, el elefante asiático ocupaba los hábitats más variados; en la India, por ejemplo, comprendían desde los manglares costeros hasta las altas laderas del Himalaya. Pero nunca vivió en los desiertos —a pesar del poder radiador y por tanto refrescante de sus orejas, el elefante necesita pasar una gran parte del día a la sombra. Sin embargo, las fragmentadas poblaciones actuales habitan casi exclusivamente en el ecotono o zona fronteriza situada entre el bosque o la jungla y los terrenos herbosos.

Entre estos últimos se encuentran los campos de cultivo, lo cual provoca graves conflictos con los agricultores. Hasta tal punto que en el India ostenta el título de animal más peligroso de la jungla, como indica Rudyard Kipling. En este país el elefante asiático se cobra anualmente entre 150 y 200 víctimas humanas. Casi todos los accidentes se producen cuando el animal está en musth, un estado de desequilibrio fisiológico y psicológico, probablemente debido a la selección sexual, que sufren de un modo recurrente los machos más dominantes y que aumenta considerablemente su agresividad.

El rango de distribución geográfica de la especie también era mucho más amplio en tiempos pasados. El elefante asiático ocupaba toda la mitad sur de Asia, desde Siria hasta el N de China; hoy sólo podemos encontrarlo en el subcontinente indio y en el SE asiático. Las poblaciones indias, que comprenden el 35% de sus efectivos —de 17.000 a 22.000 elefantes salvajes, más unos 2.000 cautivos—, gozan de un estado de salud envidiable. Esto se debe, sobre todo, al aprecio que los hindúes tienen a este animal, ya que personifica a Ganesh, el dios de los quehaceres cotidianos e hijo del omnipotente Shiva.

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La actitud reverencial que los 900 millones de hindúes profesan a un animal que agrava su crónica necesidad de espacio se traduce en un sólido y estable sistema de reservas y zonas protegidas. Una muestra de la efectividad del sistema es que la población de la Reserva de la Biosfera de Nilgiri. en la confluencia de los estados de Karnataka, Kerala y Tamil Nadú, ha aumentado sensiblemente sus efectivos durante los cinco últimos años.

Los elefantes del Sudeste Asiático no tienen la misma suerte: las pluviselvas del norte de borneo, donde sobreviven un millar de elefantes (sus ancestros cruzaron probablemente un puente de tierra durante una de las glaciaciones), desaparecen a un ritmo vertiginoso bajo las sierras de los colonos y leñadores.

Algo similar ocurre en las pluviselvas de Sumatra, cuya fragmentación reduce gravemente el habitat de sus 3.000 elefantes. Por último, la mayor parte de proboscídeos salvajes de Tailandia se encuentra recluida en pequeñas reservas que sufren crónicamente el asalto de los colonos y furtivos, mientras que en Laos, el antiguo país del millón de elefantes (Lan Xang), su número actual oscila entre 2.000 y 3.000 ejemplares.

El elefante asiático fue domesticado por primera vez hace más de 4.000 años. Sin embargo, pocos son o han sido los elefantes domésticos criados en cautividad. La mayoría son capturados en la naturaleza y luego domados y entrenados para servir a los hombres. Los indios, concretamente, prefieren los elefantes salvajes y no los que nacen en cautividad porque creen que éstos últimos no temen a su cuidadores y pueden volverse peligrosos cuando se desarrollan.

En cualquier caso, existe un poderoso motivo económico que explica el por qué de esta práctica: fecundar una hembra representa perder su fuerza de trabajo durante los 19-22 meses de gestación y los dos o tres años más que la madre dedica al cuidado de la cría.

Aunque en Tailandia, por ejemplo, en 1850 los elefantes domesticados y entrenados para el transporte de teca y otras maderas preciosas sumaban varias decenas de miles, hoy apenas quedan 5.000, la mayoría desocupados a causa de una deforestación excesiva. Una parte importante de esta población doméstica ha vuelto a encontrar una ocupación mucho más llevadera gracias al floreciente turismo. Como dato curioso podemos señalar que en Tailandia no existe la jubilación para las personas, pero sí para los elefantes: sus propietarios están obligados a concedérsela a los 60 años.

El elefante asiático es una especie de crecimiento lento. La gestación dura 19-22 meses, tras los cuales nace una sola cría. El intervalo entre dos partos es, como mínimo, de cuatro años, y las hembras no son fértiles hasta los catorce o quince años, como en la especie humana, aunque existen algunos casos de hembras precoces. La similitud con la especie humana se extiende también a la longevidad, que es de unos 70-80 años. La fertilidad de la hembra, en cambio, puede superar los 60 años. El largo período reproductivo de la hembra es un modulador excelente frente a las calamidades naturales, como la sequía, las epidemias o la caza excesiva.

El elefante asiático es una especie gregaria. Forma sociedades matriarcales dominadas por una hembra, generalmente la más vieja y corpulenta del grupo, que es la que tiene mayor experiencia. Con su memoria proverbial e insondable, la matriarca es capaz de recordar durante años y con gran precisión las intrincadas sendas de su territorio y encontrar, en cada momento, las zonas donde los alimentos fluctuantes son más abundates.

Cualquier acontecimiento traumático, como una inundación o la captura de algún miembro del grupo, queda indeleblemente grabado en su memoria y es transmitido a su descendencia. De ahí que pueda hablarse de auténticas culturas, que varían de unas sociedades a otras, ya que todo suceso grabado en la memoria de la matriarca será luego asumido por la que le suceda a su muerte.

El grupo familiar se compone de dos o tres hembras maduras (incluida la matriarca) y un número variable de crías y subadultos —entre tres y once o más individuos unidos por lazos de sangre. Sobre todo durante las migraciones, los grupos familiares se asocian y forman manadas de hasta 150 elefantes. Los grupos recuperan su individualidad cuando la manada encuentra un territorio de fértiles pastos.

Cuando llegan a la edad adulta, los machos son expulsados del grupo, una táctica muy generalizada en el mundo animal para evitar la endogamia. Fuera del grupo suelen vivir en soledad, aunque a veces, de forma temporal, se agrupan en manadas de machos solteros que en el norte de la India reciben el nombre de maljuria. Sólo se reúnen con las hembras cuando éstas entran en celo y abandonan el grupo familiar o matriarcal una semana o dos después, cuando termina el período reproductivo.

A principios de siglo, en Asia habitaban unos 200.000 elefantes salvajes. Hoy el número de los supervivientes no supera los 54.000, aunque algunos autores los cifran en 35.000 e incluso menos. A estas cifras habría que añadir unas 13.000 cabezas de elefantes domesticados. La UICN considera que el elefante asiático está en peligro de extinción y la CITES lo incluye en el Apéndice 1.

Aunque la gran población de elefantes indios parece estabilizada, con tendencia a aumentar en algunas áreas, las restantes poblaciones sufren un grave declive a causa del desarrollo de las prácticas agrícolas, de la extracción maderera y de otras actividades relacionadas con el aumento incesante de la población. Según la National Geographic Society, a mediados de 1991 los efectivos de elefante asiático en los distintos países eran los siguientes: India, 17.300-22.100; Bangladesh, 200-350; Nepal, 50-90: Birmania, 3.000-10.000; Tailandia, 1.300-2.000; Kampuchea, 2.000; Vietnam, 1.500-2.000; Laos, 2.000-3.000; Malasia, 1.300-3.000; Indonesia, 2.900-5.500.

10 especies en peligro de extinción

 

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