Ciervo común

El Ciervo común está en peligro de extinción

Nombre científico: Cervus elaphus

principales animales en peligro de extinción

Ciervo común

El ciervo es uno de los trofeos de caza más apreciados del mundo y la presa más codiciada en la caza de montería. Sobre los detalles de su caza se han escrito innumerables libros, la Enciclopedia de Diderot y d’Alembert les dedicó múltiples páginas y existe, en muchos idiomas europeos, un léxico muy complejo para describir las cuernas y puntas, la edad y el sexo, sus pautas de conducta, los detalles y ritos de la caza de montería y otras técnicas cinegéticas.

Sorprende, por tanto, que tratemos en estas páginas de un animal aparentemente tan común. Y, sin embargo, pocas especies de animales salvajes han sufrido tan intensamente la actividad humana como el ciervo.

Tengamos en cuenta que el ciervo común es, en términos evolutivos, la especie más avanzada del género. Tras haber ocupado un área geográfica muy extensa y una amplia variedad de hábitats, las diversas y múltiples poblaciones han evolucionado por separado y el resultado actual es una miríada de subespecies bien diferenciadas unas de otras. Algunas de éstas ocupan un rango geográfico muy restringido y se encuentran, por tanto, en una situación muy vulnerable.

Aunque no existe acuerdo sobre la división de la especie C. elaphus en subespecies o incluso en considerarla como una especie única —muchos autores consideran que el wapiti o ciervo de Asia nororiental y Norteamérica es una especie distinta, C. canadensis—, nosotros seguiremos la clasificación propuesta por C.P Graves y P. Grubb en 1987, es decir, la adoptada por la edición de 1991 del Walker’s Mammals of the World, para establecer con detalle el estatus de conservación de la especie.

Graves y Grubb reconocieron la existencia de tres grupos sistemáticos generales. El primero, el ciervo común típico, se encuentra en Europa, N de África y SO de Asia hasta las orillas meridionales del Caspio. El segundo, más primitivo que los otros dos y que probablemente es su ancestro, consta de seis subespecies y se extiende por el Asia central. El tercer grupo corresponde al antes mencionado wapiti.

El primer grupo de subespecies ha desaparecido de gran parte de su área de distribución original. Las poblaciones europeas remanentes están bien protegidas, pero algunas no representan la estirpe original del área en la que se encuentran. El ejemplo más próximo lo tenemos, sin ir más lejos, en la península Ibérica, la subespecie que habitaba originalmente gran parte los bosques, C. e. hispanicus, rozó la extinción a principios de siglo; sólo quedaban unos pocos ejemplares en el Sistema Central, pero se reintrodujeron algunos de éstos más hacia el norte y la subespecie comenzó a prosperar de nuevo.

Hoy, cuando sus efectivos ya están muy recuperados, planea una nueva amenaza sobre el ciervo hispánico: ser sustituido o contaminado genéticamente por ciervos más nórdicos, preferidos por los cazadores por su mayor estatura (téngase en cuenta que el tamaño de un ciervo de Siberia, por ejemplo, duplica el de nuestro ciervo autóctono). El problema de contaminación genética en Gran Bretaña es aún más grave, porque se trata de la hibridación con otra especie, el ciervo si ka (Cervus nipon).

Otras subespecies del primer grupo han sufrido una degradación más directa. Por ejemplo, la C. e. corsicanus de Córcega y Cerdeña, considerada por la UICN en peligro de extinción. En 1900, la población de Córcega sumaba unas 1.000 cabezas pero, debido a la caza excesiva, en los años 60 había desaparecido. En Cerdeña, la degradación del habitat y la caza ilegal han reducido su número a unas 300 cabezas. Sin embargo, el WWF intentó reintroducir recientemente la subpespecie en Córcega con animales procedentes de Cerdeña.

Confiemos en que estos animales proliferen y vuelvan a poblar la gran isla mediterránea.
Otras subespecies del primer grupo afectadas por la actividad humana son la C. e. barbaras de África del Norte, clasificada por la UICN como vulnerable (existen unos 1.300 ejemplares repartidos entre Argelia y Túnez, pero este número va en aumento), y la C. e. maral de Asia Menor y el Cáucaso, que algunos autores consideran en peligro de extinción.

El segundo grupo es, en conjunto, el más amenazado de la especie C. elaphus. La UICN considera que cuatro de sus subespecies—C. e. bactrianus, hanglu, wallichi y yarkadensis, que habitan, respectivamente, en Turkmenistán y Afganistán, Cachemira, S de Tlber y Buthán, y Sinkiang— están amenazadas de extinción inminente, y que la C. e. macneilli del E del Altiplano Tibetano y reglones adyacentes de Sinkiang se encuentra en un status indeterminado.

Además, es posible que la subespecle C. e. yarkandensis de Sinkiang ya está extinguida. La subespecie C. e. kansuensis del centro-N de China no está contemplada por la UICN ni por la CITES, pero algunos zoólogos tienen serias dudas sobre su futuro porque sus poblaciones son objeto de una caza exhaustiva.

En China y el Tíbet los cazadores no lo persiguen por la carne, sino por la borra o terciopelo que cubre sus astas durante el verano, muy utilizada en la medicina oriental, aunque sus virtudes curativas nunca han sido demostradas científicamente. Gracias a esta extraña creencia, una Importante granja de ciervos de Nueva Zelanda tiene en el E de Asia a sus mejores clientes.

El tercer grupo, el de los ciervos waplti, incluye algunas sub-especles totalmente extinguidas, como la C. e. canadensis del centro y E de Norteamérica, y la C. e. merriami, del SO de EE.UU. y México, que se extinguieron durante la colonización europea a finales de siglo pasado y principios del actual. La primera de estas dos subespecies era para los sioux y otros indios de la Gran Llanura casi tan importante como el bisonte; desapareció al mismo tiempo que se desvanecía su cultura.

La segunda vivía en un área muy reducida y desapareció, un cuarto de siglo más tarde, a causa de la extensión de los ranchos de vacuno: el «elk» de Merriam no podía competir con el ganado Longhorn en las tierras que éste pastaba hasta el exceso. Los efectivos del wapiti («elk») de California, C. e. nannodes, quedaron reducidos a menos de 150 hacia 1870, pero los esfuerzos de conservación subsiguientes, gracias sobre todo a la iniciativa privada, salvaron a esta subespecie de la extinción definitiva; hoy existen una serle de manadas protegidas que suman unas 900 cabezas.

Las otras tres subespecies del O de Norteamérica también declinaron drásticamente durante el siglo pasado, pero las medidas de conservación impuestas pocos años más tarde permitieron que se recuperaran sin problemas.

En la actualidad existen unos 500.000 wapitls en Norteamérica y su caza está severamente regulada. No obstante, subsiste la duda sobre si algunas poblaciones muy diferenciadas de la costa Oeste no debieran ser elevadas al rango de subespecie y merecer, por tanto, una conservación más específica.

Un ejemplo es el «elk» de Roosevelt del NO de EE.UU. Esta raza necesita del microclima templado de los bosques vírgenes de Oregón para su subsistencia; la continua deforestación que sufre esta zona corre el riesgo de limitar su habitat al estrecho perímetro del Parque Nacional Olympic Forest, y esto constituiría una amenaza para su supervivencia.

El ciervo es una especie muy gregaria. Forma manadas discretas que ocupan territorios concretos. Durante la mayoría del año, los sexos viven en grupos separados de cuatro a siete individuos, sin contar las crías en el caso de las manadas de hembras. En el seno del grupo, la jerarquía se mantiene mediante gestos conminativos, persecuciones y patadas.

En septiembre, las hembras empiezan a congregarse en las áreas de celo tradicionales, y los machos abandonan sus territorios y se unen a ellas a finales de septiembre o principios de octubre.

Compiten entonces por las hembras mediante exhibiciones diversas, entre las que se incluyen bramidos, movimientos agitados y pulverización de orina. Luchan con frecuencia y no son raras las heridas fatales. Los individuos más jóvenes o débiles suelen ser expulsados, pero en algunas ocasiones permanecen en las proximidades para copular a escondidas con las hembras.

Los machos victoriosos forman harenes que pueden incluir veinte o más hembras, a las que vigilan sin tregua defendiéndolas del acoso de los otros machos. Sin embargo, es raro que en una estación un macho tenga más de diez crías. Muchas veces, tras una semana de ritmo agotador, el macho es relevado por otro que se encarga a su vez del control del harén.

La gestación dura ocho meses (un poco más en el wapiti) y el parto tiene lugar a finales de mayo o en junio. Normalmente nace una sola cría, rara vez dos, completamente cubierta de pelo y capaz de correr a las pocas horas. El destete tiene lugar entre los siete y diez meses.

Los machos sólo permanecen con la madre hasta el segundo año y las hembras no abandonan la manada materna. Las ciervas alcanzan la madurez sexual a los dos años de edad, y los ciervos también, pero tienen que esperar mucho más tiempo para poder copular a causa de la competencia con los machos adultos.

La longevidad máxima registrada (en cautividad) es de 26,5 años; sin embargo, en estado salvaje no suelen superar los quince años. La mortalidad es muy elevada y más de la mitad de las crías muere antes de cumplir el año.

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