Chinchilla

La Chinchilla está en peligro de extinción

Nombre científico: Chinchilla laniger

especies en peligro de extinción

Chinchilla


Casi todos los autores reconocen la existencia de dos especies de chinchilla, C. brevicaudata y C. laniger, entre ellos el célebre zoólogo A. Cabera. Sin embargo, para mayor claridad es la exposición, hemos preferido seguir el criterio de R.H. Pine, S.D. Miller y M.L. Schamberger y considerar la C. brevicaudata como una subespecie de C. laniger.

La chinchilla es un roedor bien conocido por su valiosa piel y por la aparición esporádica de anuncios en la prensa que prometen sustanciosos ingresos a quienes se dediquen a su cría.

Y lo cierto es que hoy en día existen cientos de miles, si no varios millones, de chinchillas criadas con fines comerciales, todas ellas descendientes de unos cuantos ejemplares que fueron reducidos al estado cautivo a principios de este siglo. Pero la existencia de este importante «stock» en estado cautivo no es una garantía suficiente para asegurar la supervivencia en estado salvaje.

Por una parte, los intentos de introducir en la naturaleza chinchillas criadas en cautividad se ha saldado siempre con el fracaso (excepto el realizado en las montañas de Darvaz en Tradjikistan, bajo la protección del gobierno de la antigua URSS; pero las Darvaz no son montañas andinas). Por otra, la caza de ejemplares salvajes continúa sin tregua porque, a pesar de la protección legal, el difícil acceso a las zonas remotas donde habita esta especie hace muy difícil, si no prácticamente imposible, la aplicación real de la ley.

Los antiguos incas ya perseguían a las chinchillas porque apreciaban su hermosa piel; sin embargo, las pieles estaban destinadas en exclusiva a los grandes dignatarios y su explotación no era abusiva.

Con la llegada de los españoles la demanda experimentó un notable incremento que tuvo como consecuencia la disminución de los efectivos y del rango de distribución geográfica de la especie. Sin embargo, esta disminución no fue apreciable hasta los primeros años del actual siglo. En 1900 sólo desde Chile se exportaban anualmente unas 500.000 pieles de chinchilla salvaje; tal abundancia es fácil de entender si se tiene en cuenta que los primeros colonizadores españoles podían ver miles de chinchillas en un solo día de viaje por los altos páramos andinos.

Poco tiempo después la especie se hizo rara y, en consecuencia, aumentó el precio de su piel. En sólo 14 años, las importaciones quedaron reducidas al 1%, y ya en 1912 se formularon las primeras prohibiciones de caza. Esta carestía ha ido aumentando paulatinamente hasta hoy: si se considera su tamaño y peso, la piel de chinchilla salvaje es la más valiosa del mundo. En 1981. un abrigo de chinchilla salvaje costaba en Japón 49.000 $ USA. y alguien ha llegado a pagar 100.000 $.

Afortunadamente para la especie, el comercio de su piel se basa en la cría: el comercio de pieles de animales salvajes es ilegal y, por tanto, muy minoritario. La cría de chinchillas comenzó en 1918, cuando el norteamericano Mathis F. Chapman consiguió que se reprodujeran en cautividad once animales vivos que había capturado durante una expedición en los Andes; en esa época ya se pensaba que el animal había desaparecido.

En 1850 se intentó criar este roedor en los Andes, pero la experiencia fue un completo fracaso. Los primeros ejemplares vivos llegaron a Europa en 1890, pero ninguno consiguió sobrevivir, probablemente a causa de las diferencias de altitud y humedad atmosférica.

Fue necesario esperar a que Chapman iniciara con éxito la línea de reproducción de chinchillas que, mediante un intensivo proceso de selección, no ha cesado de mejorar hasta hoy.

Las características más destacadas de la piel de chinchilla son su densidad y tacto sedoso. Se trata, además, de una piel muy ligera, ya que carece de pelo interno. La gama de colores de la chinchilla de cría es bastante amplia: blanco, plateado, beige, negro y marrón. La calidad de la chinchilla de cría no es inferior que la de la chinchilla salvaje, si es que no la mejora.

La adquisición de un abrigo de chinchilla salvaje es. por tanto, un absurdo esnobismo que sólo puede tener una consecuencia, aparte de la muy discutible de alimentar la vanidad propia: la extinción de una especie en estado salvaje.

La UICN otorga a la chinchilla (tanto a la subespecie brevicauda como a la laniger, que considera especies distintas) un status indeterminado. En 1988 sólo quedaban unos 10.000 ejemplares de la subespecie nominada (C. laniger laniger) y su habitat ha sido muy alterado por la actividad humana. De 1980 hasta nuestros días, la subespecie C. laniger brevicaudata se ha vuelto muy rara, aunque, debido a la inaccesibilidad de su habitat, es posible que esté menos amenazada que la subespecie nominada.

La chinchilla es un animal crepuscular y nocturno. Durante el día se refugia en las grietas y agujeros de las rocas. A veees, en días muy soleados, es posible observarlas sentadas frente a sus cobijos como si fueran marmotas, o bien trepando y brincando entre las rocas con una agilidad sorprendente.

Su habitat son los altos páramos andinos, a altitudes comprendidas entre 3.000 y 5.000 m. Su dieta comprende casi todas las especies vegetales de las zonas que constituyen su habitat. Para comer, se sienta en una postura muy tiesa y sostiene la comida con las patas delanteras.

La chinchilla es un animal relativamente sociable. En el pasado no eran raras las colonias de cien o más individuos. Sin embargo, las hembras son muy agresivas entre sí e incluso con los machos, lo que desmiente la idea de que las chinchillas son animales monógamos.

La estación reproductiva se extiende de mayo a noviembre. En el Hemisferio Norte las estaciones se invierten, y el período reproductivo de las chinchillas cautivas se extiende de noviembre a mayo.

El celo de la hembra dura unos 38 días y su gestación 111. La carnada típica consta de dos o tres crías, pero el número puede oscilar de uno a seis. El destete tiene lugar a las 6-8 semanas.

Tanto los machos como las hembras alcanzan la madurez sexual a los ocho meses (cifra promedio) y la longevidad en estado salvaje es de unos diez años. Sin embargo, algunos ejemplares cautivos han alcanzado los veinte años de edad; algunos todavía crían pasados los quince años.

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