Chimpancé común

El Chimpancé común está en peligro de extinción

Nombre científico: Pan troglodytes

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El chimpancé es el primate más próximo al hombre. Comparte con nosotros el 98% de su patrimonio genético y es, por tanto, la especie que mayor número de datos puede aportar sobre la historia de nuestros antepasados comunes. Tanto el chimpancé como el bonobo o chimpancé pigmeo (Pan paniscus) están separados de nosotros por una distancia evolutiva de apenas 5 millones de años. Aunque el hombre occidental tardó mucho tiempo en aceptar las teorías de Huxley y Darwin, muchos pueblos nativos africanos saben desde hace cientos de años que gorilas y chimpancés son nuestros hermanos. Hasta tal punto que cuando los pigmeos van a cazar chimpancés no hablan de caza, sino de guerra.

Las capacidades sensoriales del chimpancé son similares a las humanas y su gran cerebro refleja una inteligencia muy elevada. Con el entrenamiento apropiado, los chimpancés cautivos son capaces de aprender y emplear correctamente signos manuales o símbolos correspondientes a conceptos, objetos y verbos, formando incluso oraciones simples y silogismos. Los chimpancés salvajes no dan pruebas de tales habilidades lingüísticas, aunque su repertorio vocal incluye, según Jane Goodall y Hugo van Lawick, más de veinticuatro vocalizaciones. Para comunicarse utilizan un gran número de gestos y una gama infinita de expresiones faciales. Y no debemos olvidar su prodigiosa capacidad para crear y utilizar instrumentos.

Una de sus habilidades más conocidas es la utilización de palos y tallos para capturar hormigas y termes; el chimpancé introduce la vara vegetal, cuidadosamente escogida o modificada para este propósito, en la entrada del termitero u hormiguero. La deja allí cierto tiempo y, cuando la vara está llena de insectos guerreros, la extrae para lamerla y tragárselos de un bocado. A veces unta la vara con miel para que los insectos no se escapen al retirarla.

El chimpancé también utiliza los palos como palancas o para coger frutos que de otro modo serían inalcanzables, a veces une varios palos para conseguir una pértiga mucho más larga. Lo curioso del caso es que, cuando el fruto es muy blando, cambia de táctica. Esto es lo que parece demostrar un experimento con el que se intentó comparar la capacidad del hombre y del chimpancé para resolver un problema práctico. El chimpancé fue el vencedor de la prueba; en lugar de utilizar el palo para hacer caer un plátano maduro colgado del techo (la elección del hombre), fijó el palo en el suelo y trepó por él hasta coger, sin aplastarlo, el fruto con sus propias manos.

Los chimpancés no sólo emplean herramientas para alimentarse, sino que también utilizan los palos y piedras como armas defensivas contra los predadores.

Por último, los chimpancés son auténticos maestros en el arte de confeccionar sombrillas, sombreros y paraguas con hojas, material con el que también fabrican unas esponjas absorbentes para extraer el agua contenida en agujeros de difícil acceso, que luego utilizan para beber o asearse. En ocasiones utilizan las grandes hojas como servilletas para limpiarse los morros, como recipientes para llevar agua y (junto con ramas) para construir nidos allí donde les sorprende la noche. Los nidos son estructuras simples que sólo sirven para una noche. Desde su más tierna infancia los chimpancés juegan a «hacer la cama», es decir, el nido de hojas, y cuando a los cuatro o cinco años de edad se emancipan para reunirse con la sociedad de los jóvenes de su sexo, ya son maestros consumados en esta técnica.

La alimentación del chimpancé es muy variada y básicamente vegetariana. Aunque las proporciones varían según la estación, un 50% de la dieta está integrada por diversos frutos, un 40-46 % por otros materiales vegetales (hojas, capullos, semillas, cortezas, resina, etc.) y un 4-10% por alimentos animales. Ya hemos hablado de las hormigas y de las termitas, que son los insectos más importantes de su dieta, pero es importante precisar que. siempre que se presenta la ocasión, capturan jóvenes ungulados, babuinos, colobos rojos y otros monos, utilizando sofisticadas técnicas de caza en las que la cooperación juega un papel esencial. La elevada proporción de frutos, alimentos vegetales de distribución estacional y errática, en la dieta del chimpancé ha influido, según Christopher Boesch, en el desarrollo de su inteligencia, especialmente en el sentido euclidiano del espacio, equivalente al de un niño de nueve años.

El chimpancé es un animal territorial y las relaciones intercomunitarias nos recuerdan a las que mantienen las tribus humanas enemigas. Los límites del territorio son patrullados con frecuencia y los intrusos son atacados sin piedad, a veces hasta la muerte. Los miembros de una comunidad o grupo a veces efectúan incursiones en un grupo vecino menos numeroso, expulsando o matando a sus componentes para conquistar su territorio y obtener potenciales compañeros sexuales. Las incursiones a veces se resuelven de forma cruel: varios individuos sujetan a la víctima mientras otros la agreden, arrancándole a mordiscos trozos de carne.

La agresividad, crueldad y habilidad estratégica de los chimpancés sólo es superada por la especie humana. El chimpancé es la única especie animal, junto con el hombre, en la que los machos pactan alianzas temporales para matar sistemáticamente a los machos de los grupos vecinos. Las relaciones en el interior del grupo también recuerdan nuestra especie por su gran flexibilidad y su elevada dosis de maquiavelismo.

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La habilidad de un macho para conseguir apoyo en un conflicto, por ejemplo, es el factor más importante para mantener su rango. Como si fuera un candidato humano a la presidencia de la nación, el macho que busca el apoyo de sus congéneres muestra una gran amabilidad con las hembras y sobre todo con sus crías. Como en las sociedades humanas, la obsesión por acceder a la cúpula del poder no siempre empaña la tendencia entrañable a establecer vínculos de sincera amistad. Y, como sucede entre los hombres, estos vínculos no son eternos ni puros, ya que suelen esconder motivos más interesados que altruistas. En fin, la cultura de los chimpancés, es decir, la habilidad que desarrolla una comunidad para utilizar ciertas herramientas, varía de unos lugares a otros y se transmite de una generación a otra. Así. los chimpancés estudiados por los esposos Boesch en Costa de Marfil no «pescan» termes con palos, como los estudiados por van Lawick y Goodall en Gombe (Tanzania), pero utilizan distintos tipos de «martillos» y «yunques» para abrir diversos tipos de nueces.

El chimpancé es bastante promiscuo y esto incide en el tamaño de sus testículos, cuatro veces más pesados que los del gorila, a causa de la competencia espermática que exige la promiscuidad. Sin embargo, no es tan promiscuo como se creía hasta hace poco. Aunque es cierto que con frecuencia varios machos amigos siguen a una hembra en celo y todos copulan con ella, también se formalizan «noviazgos» temporales durante los cuales la pareja evita la proximidad de los otros miembros del grupo.

La hembra desempeña un papel social fundamental en la comunidad. Según J. Goodall, la presencia de una hembra en celo es el factor más significativo en la estructura social: si no ha establecido una relación de noviazgo, todos los machos y muchas hembras de la comunidad intentarán rodearla. Los chimpancés hembras de Tai (Costa de Marfil) enseñan pacientemente a sus retoños el uso de los martillos y yunques: según Ch. Boesch, este importante papel de la hembra sugiere la posibilidad de que, en el curso de la evolución humana las mujeres actuaron de un modo decisivo en el desarrollo de muchas habilidades manuales que distinguen a nuestra especie.

El período de celo de la hembra del chimpancé es relativamente corto; de ahí su gran importancia social y también las agresivas reacciones de los machos que compiten por ella. Esta acusada agresividad no existe entre los bonobos, cuyas hembras tienen períodos de celo prolongados y frecuentes, y se muestran ocho veces más receptivas que las de los chimpancés comunes. La sociedad bonobo, a diferencia de la chimpancé, es ginocéntrica: los machos no dominan, sino que se limitan a seguir a las hembras, estableciendo así fuertes vínculos de amistad. El infanticidio o la matanza sistemática de machos de tribus vecinas no ha sido observado nunca entre los bonobos porque en sus comunidades, según el pri-matólogo Takayoski Kano, el sexo se utiliza para mitigar las tensiones dentro de la comunidad o cuando se producen encuentros con otros grupos.

Estas breves pinceladas apenas nos dan una idea somera de la acusada variedad de conducta que muestran nuestros dos primos más próximos. Una riqueza de comportamiento que ha interesado a biólogos, psicólogos, etólogos, paleoantropólogos y sociólogos, y sobre la que se han realizado numerosos estudios y vertido ríos de tinta. Desde los estudios realizados por Robert y Ada Yerkes y otros investigadores del Yerkes Primate Center, como Nissen y otros, hasta los innumerables estudios de psicología comparada en animales cautivos e investigaciones etológicas en África que, desde los años 50, han seguido una progresión ininterrumpida y creciente hasta hoy. Una profusión de estudios en la que destaca la etóloga Jane Goodall y donde ocupa un lugar de privilegio el primatólogo Jordi Sabaté Pi, catedrático de etología en la Universidad de Barcelona.

Hoy, por desgracia, el porvenir de la especie está amenazado por el furtivismo y la deforestación implacable. A principios de siglo varios millones de chimpancés poblaban las selvas y sabanas mixtas de África ecuatorial, pero hoy el número de efectivos ha descendido a unos 150.000 y la especie ha desaparecido por completo de vastas zonas. Las poblaciones de chimpancés han sido reducidas y fragmentadas por la pérdida de habitat forestal, la caza para la alimentación humana y la protección de los cultivos, y para la explotación comercial. España es una importante puerta de entrada en la ruta del tráfico de chimpancés hacia el resto de Europa.

El destino de estos pobres animales suele ser un zoológico pobremente equipado, un espectáculo circense de calidad dudosa o un particular que carece de medios para conservar este tipo de mascotas que, cuando crecen, se tornan incómodas y peligrosas. Algunos se quedan en nuestro país; recientemente, Jane Goodall rescató de una penosa drogodependencia a varios jóvenes chimpancés que unos fotógrafos playeros de Canarias utilizaban como reclamo para atraer a los turistas.

Por si esto fuera poco, en la actualidad existe una importante demanda para la investigación farmacológica de la hepatitis B, el SIDA —aunque para el estudio de esta dolencia se prefiere utilizar, desde hace unos meses, al macaco de cola de cerdo— y otras enfermedades víricas. Aunque existe un amplio mercado de chimpancés nacidos en cautividad, éstos cuestan veinte veces más que capturados en estado salvaje.

Estos últimos suelen ser animales jóvenes, cuyas madres fueron cazadas y consumidas como carne. Por cada chimpancé que llega a su triste destino, otros nueve mueren en la selva o durante el viaje. Los primatólogos no niegan que es necesario efectuar ciertas investigaciones biomédicas con chimpancés, pero exigen, o recomiendan, que se mejore el entorno psico-social de los animales cautivos en los laboratorios —esta medida otorgará mayor rigor y eficacia a las experiencias, ya que existe una relación directa entre inmunidad y psiquismo— y que se regule la procedencia de los ejemplares sujetos a experimentación. Afortunadamente, ya son muchos los laboratorios biomédicos que siguen estas recomendaciones.

El chimpancé está incluido en el Apéndice 1 de la CITES y la UICN lo considera vulnerable. Según esta última, la su-bespecie R t. troglodytes de África central y P. t. schweinfurthii de África oriental son vulnerables. Pero estas calificaciones se establecieron antes del reciente empeoramiento del estatus de la especie, que es apreciable incluso en las zonas donde estaba más protegido.

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Chimpancé común (Pan troglodytes)

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