Bisonte americano

El Bisonte americano está en peligro de extinción

Nombre científico: Bison bison

extinción de especies

Bisonte americano

Existen dos especies de bisonte, el europeo y el norteamericano. Este último recibe también el nombre de búfalo, pero se trata de una denominación muy poco afortunada porque su parentesco con el bisonte europeo es mucho más estrecho que con el búfalo acuático de Asia. Ambos bisontes tienen un antepasado común, uno de cuyos descendientes cruzó el estrecho de Bering dando lugar, hace apenas 5.000 años (según algunos científicos), al bisonte americano que hoy conocemos.

Por su origen nórdico, el bisonte americano es un animal muy bien adaptado a los climas más fríos. La barba y los largos flecos del cuerpo (incluidas las «mangas» de los machos en las patas delanteras) son buenos conservadores del calor y, puesto que el contenido de su panza fermenta a 40 °C, no necesita generar calor extra tiritando o tomando más alimento.

Sin embargo, su abundante pelaje protector es una molestia en el caluroso verano continental; por eso, cuando pasan los grandes fríos invernales, el pelaje se desprende a mechones y no le vuelve a salir hasta el otoño.

Tradicionalmente, el bisonte americano ha sido asociado con las praderas, pero este animal también era abundante en las zonas montañosas y en los bosques abiertos. De hecho, en el Parque Nacional de Yellowstone, el único lugar de América donde se ha mantenido sin solución de continuidad una población salvaje, los bisontes se encuentran a sus anchas en un bosque de coniferas situado a 2.500 m de altura.

Los bisontes son animales gregarios que viven en pequeños grupos interrelacionados, aunque, sobre todo durante las migraciones o en zonas de alimentación favorable, se asocian en manadas de varios cientos de cabezas.

Antiguamente, estas manadas estaban formadas por varios miles o incluso millones de individuos, pero en la actualidad son mucho más modestas y no superan el centenar. Los acoplamientos tienen lugar en verano y, tras una gestación de 9,5 meses, la hembra suele dar a luz una cría.

El ternero es capaz de correr tres horas después de nacer y su destete tiene lugar entre los siete y doce meses. La madre lo vigila de cerca y ataca a cualquier posible intruso. Ambos sexos alcanzan la madurez sexual entre los dos y cuatro años y la longevidad en estado salvaje es de unos veinte años. Sin embargo, la máxima longevidad potencial es de unos cuarenta años.

Los bisontes se revuelcan con frecuencia en el barro o el polvo y también frotan su cuerpo contra los troncos de los árboles para librarse de los molestos parásitos. Tienen un agudo sentido del oído y del olfato, y pueden huir a una velocidad que ronda los 60 km/h. También son capaces de cruzar a nado ríos de hasta 1 km de anchura.

Sin embargo, estas prodigiosas aptitudes para la huida no les ha salvado del acoso del hombre. Diversas tribus amerindias centraron su vida alrededor del bisonte. Con su piel confeccionaban mantas, tapices, sacos, vestidos, tiendas y mocasines. La carne, cortada a tiras y secada al viento, podía conservarse durante tres años.

Triturada, la carne seca se convertía en un polvo, fácil de transportar, que constituía alimento esencial para los frecuentes y prolongados desplazamientos de las tribus nómadas. Los amerindios quemaban una parte de la pradera para que la nueva hierba, tierna y sabrosa, atrajera a los bisontes. Entonces se limitaban a rodearlos y disparar sus flechas.

Ahora bien, todas estas tribus que dependían del bisonte para su subsistencia, le profesaban un profundo respeto. Este hecho se refleja en sus ancestrales ritos y en las fiestas religiosas que siempre acompañaban a la caza. El declive de las poblaciones de bisontes se inició con la colonización europea.

Antes de la colonización vivían en Norteamérica unos 50 millones de ejemplares. Pero los colonos europeos los mataron a millares para alimentarse, para comerciar con sus pieles, que exportaban en ingentes cantidades, y… para hacer pasar hambre a los indios de las Grandes Praderas y obligarlos a capitular. Búfalo Bill adquirió su poca envidiable reputación gracias a sus prodigiosas matanzas de bisontes. El solo, en apenas dieciocho meses, mató 4.280 ejemplares.

A principios del siglo pasado, el bisonte americano o, mejor dicho, la subespecie nominada B. bison bisan, había desparecido al E del Misisipí. A finales del mismo siglo sólo sobrevivían algunos ejemplares en todo el territorio norteamericano. Afortunadamente, se tomaron a tiempo medidas de conservación efectivas, tanto desde el ámbito público como desde el privado, y la población original pudo recuperarse parcialmente.

En la actualidad existen más de 100.000 bisontes de la subespecie nominada, aunque la mayoría viven en cautiverio o descienden de un tronco cautivo. Como ya hemos dicho, la única población que siempre se ha mantenido en estado salvaje es la del Parque Nacional de Yellowstone.

Esta población, formada por unas 2.000 cabezas, fue hace unos años motivo de grandes controversias porque muchos de sus componentes se aventuraban fuera de los límites del parque y eran abatidos a tiros por «deporte» o para evitar que el ganado bovino pudiera contagiarse de algunas enfermedades.

La otra subespecie, el bisonte lanoso (B. bison athabascae), procedente del norte y de dimensiones algo mayores, siempre fue menos abundante que el B. bison bison. En tiempos prehistóricos ya había desaparecido de Alaska. En Canadá se supone que, antes de la colonización europea, vivían unos 168.000 ejemplares. A finales del siglo pasado sólo sobrevivían 300 cabezas en el N de Alberta y en las tierras adyacentes de los Territorios del Norte.

Se creó entonces el Parque Nacional Wood Buffalo para proteger la subespecie, pero en los años 20 se realizó una desafortunada suelta de miles de bisontes de la subespecie nominada y, como consecuencia, la mayor parte de la población de bisontes lanosos quedó genéticamente contaminada. En 1957, no obstante, fue descubierta una manada aislada de unos doscientos bisontes lanosos en la parte más septentrional del parque.

Aunque esta población había sido levemente contaminada en su origen, sus descendientes actuales son genéticamente muy próximos a los B. bison athabascae originales y han sido objeto de un programa de cría selectiva. En la actualidad esta población alcanza los 2.500 individuos, incluidos los ejemplares cautivos, pero la UICN considera que la subespecie está en peligro de extinción y CITES la incluye en el Apéndice 1.

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