Ballena de Groenlandia

La Ballena está en peligro de extinción

Nombre científico: Balaena mysticetus

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La ballena de Groenlandia pertenece al suborden misticetos o ballenas con barbas. Las barbas, situadas en el interior de la boca, son unas láminas córneas terminadas en filamentos, que sirven para filtrar el agua y retener el zooplancton. Por su flexibilidad, resistencia a la torsión y durabilidad, las barbas de ballena adquirieron un considerable valor a partir del siglo XVIII. Con ellas se han confeccionado durante varios siglos objetos tan dispares como corsés y miriñaques, cañas de pescar, látigos, paraguas y muelles de relojes y de carruajes.

Se ha dicho que los misticetos, suborden al que también pertenecen los rorcuales y la ballena yubarta, ocupan un nivel ecológico equivalente al de los grandes ungulados herbívoros. Esta afirmación no es completamente exacta porque, aunque es cierto que se alimentan de minúsculas presas que ingieren en cantidades masivas, éstas no pertenecen al plancton vegetal (fitoplancton), sino al animal. Es mucho más adecuada, en cambio, la comparación con los ungulados en términos evolutivos, porque los antepasados probables de los cetáceos, los mesoníquidos, estaban muy próximos a los antepasados de ovejas, ciervos y vacas. No es extraño, por tanto, que algunos investigadores comparen la conducta maternal de las ballenas de Groenlandia con sus «terneros» con la de los bueyes almizcleros, alces y renos.

Esta especie se alimenta de pequeños crustáceos que captura en zonas de productividad elevada (plumas de estuarios, afloramientos, etc.). Su método de captura consiste en espumar la superficie del agua que concentra pequeñas presas, y nadar a través de ella con la boca abierta, manteniendo la cabeza fuera del agua hasta justo detrás de las aberturas nasales. Un investigador canadiense observó como adoptaban formaciones en V, de hasta 14 individuos, con la boca abierta en toda su amplitud y moviéndose en la misma dirección y a la misma velocidad, como una bandada de gansos en vuelo. La ingestión diaria de alimento durante el verano es de unos 1.800 kg. En otras épocas del año, como la mayoría de los misticetos, vive casi exclusivamente de sus reservas de grasa.

Como su nombre indica, la ballena de Groenlandia es una especie ártica que raramente «desciende» de los 45° N; sin embargo, en 1969 se descubrió un ejemplar a 33° N frente a las costas de Japón. Pasa gran parte del tiempo nadando bajo los grandes témpanos de hielo, que sortea con gran destreza o bien horada cuando es necesario (en ausencia de «leads» o «polynias», es decir, de corredores o fisuras entre los témpanos), utilizando su enorme cabeza como un ariete para hacer agujeros de respiración. Se mueve estacionalmente siguiendo los ciclos de fusión y solidificación del hielo. En verano frecuenta las bahías, estrechos y estuarios y se adentra muy al norte en el océano Ártico.

La ballena de Groenlandia tiene el cuerpo voluminoso, como los demás miembros de la familia, y su gran cabeza llega a medir más de un tercio de la longitud total. Carece de aleta dorsal. La mandíbula inferior, con un perfil extremadamente curvo, le da una particular expresión. Se distingue de la ballena franca (Balaena glacialis), en otros aspectos bastante similar, por la total ausencia de callosidades en la cabeza. Tiene 300 barbas a cada lado de la boca, muy finas y largas, que pueden llegar a medir 2,5 m. Por eso y por la cantidad de aceite que se extraía de ella, esta especie era muy apreciada por los primeros balleneros, que la persiguieron hasta su casi completa extinción durante los siglos XVIII y XIX.

Los anglosajones denominan right whales a ésta y a las demás especies de la familia porque, en los primeros tiempos de la explotación comercial de ballenas, eran las más fáciles de cazar. En efecto, eran más lentas y activas que los cachalotes y rorcuales, y se acercaban a menudo a la orilla. Además, flotaban durante mucho tiempo después de muertas y de ellas se extraían los más valiosos productos. Una ballena de Groenlandia podía proporcionar hasta 100 barriles de aceite (10.500 litros), cantidad que no se extraía de la ballena azul. El aceite se utilizaba como combustible para lámparas y cocinas, y también como lubricante, en el curtido del cuero y en la fabricación de pintura y jabón.

Otro producto importante de la primitiva explotación ballenera eran las barbas. De una ballena de Groenlandia adulta podían obtenerse más de 700 kg. Además de las aplicaciones industriales antes reseñadas, relacionadas con la parte externa y más dura de la barba, también se utilizaron ampliamente las fibras internas, más finas, en la confección de prendas femeninas. A principios de siglo, las barbas fueron sustituidas por varillas de acero y el aceite dejó de utilizarse para la iluminación. Aunque la explotación comercial estaba entrando en una fase más intensiva, la ballena de Groenlandia y los demás balénidos habían perdido su importancia comercial y esto las salvó de la extinción total.

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Los pequeños efectivos actuales —unas 8.000 en 1988, frente a las 65.000 antes de la explotación comercial— están protegidos y regulados por la Comisión Ballenera Internacional (IWC). Únicamente los esquimales y otros grupos étnicos indígenas pueden cazar un número limitado cada año (los nativos de Alaska, por ejemplo, pueden matar 41 ballenas de esta especie) porque su economía, y en general su cultura, sigue asociada a la caza y aprovechamiento de sus productos. Antiguamente aprovechaban todo el animal, incluidas la grasa, que usaban como combustible, y las barbas para la confección de herramientas, pero hoy su principal objetivo es la carne.

Aunque la caza de subsistencia se ejerce a un nivel relativamente bajo, no deja de ser una persecución incesante. Algunos investigadores opinan que esta persecución, sumada a la de las orcas —el único enemigo natural de la especie— podría impedir el restablecimiento de las poblaciones más vulnerables. Por otra parte, un censo acústico exhaustivo, realizado por investigadores de la Universidad de Washington en 1991, reveló que la población de Alaska —la única realmente importante, porque las restantes poblaciones de ballena de Groenlandia son poco más que residuales—, contaba con 7.800 individuos frente a los escasos 1.000 de 1970. Según estos datos, la población se estaría recuperando a una tasa media anual del 3%, que es un porcentaje muy optimista para el porvenir de la especie. Sin embargo, la UICN considera que sigue estando en peligro de extinción y la CITES la incluye en el Apéndice 1.

La ballena de Groenlandia es una especie sociable. Se desplaza en pequeños grupos y a veces, especialmente durante las migraciones, éstos se unen y forman grandes bancos que en tiempos pasados sumaban varios centenares de ballenas. Cuando migran, emiten las vocalizaciones más diversas —rugidos, gemidos, ronroneos y complejos reclamos pulsantes, en los que predominan los tonos más bajos— pero siguiendo siempre un refinado protocolo, según el cual mientras una ballena «habla» las otras escuchan.

Las ballenas de Groenlandia también imitan los ruidos ambientales (incluidos los de las otras ballenas) y, como las yubartas, son capaces de cantar. Durante el canto a veces emiten dos sonidos simultáneos que cubren una gama de siete octavas. Algunos investigadores sugieren que estos animales no sólo se orientan por el sonido, sino que también siguen un mapa acústico grabado en su memoria. Las ballenas viajan a una velocidad de 3 o 4 nudos, alternando la natación superficial con profundos buceos de unos 20 minutos, que en ocasiones pueden prolongarse hasta una hora.

El apareamiento tiene lugar al final del verano. Tras trece meses de gestación, nace una sola cría —rara vez dos— que mide de 4 a 4,5 m de longitud. Cuando un año después se produce el destete, ya ha alcanzado los 7,5 m. No se sabe cuanto tiempo necesita para alcanzar la madurez sexual —se habla de cuatro a nueve años—, pero lo cierto es que se trata de una especie de lenta maduración, y escasa progenie, ya que el intervalo entre gestaciones es de dos o tres años.

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