Babirusa

El Babirusa está en peligro de extinción

Nombre científico: Babyroussa babyrussa

artículos de animales en peligro de extinción

Dos ejemplares de Babirusa machos.

En el lenguaje oficial de Indonesia (bahasa indonesia), babirusa significa cerdo-ciervo: los nativos de Sulawesi dicen que sus colmillos son como las astas de un ciervo. Según una antigua leyenda, durante el reposo nocturno este extraño cerdo utiliza sus largos colmillos para colgarse de la rama de un árbol.

Por supuesto, esta creencia carece de fundamento, aunque es cierto que las defensas del babirusa son las más extrañas del mundo animal. Sus colmillos o caninos superiores no entran en la boca para luego crecer hacia los lados de la misma, como en los demás suidos, sino que atraviesan la parte superior del morro, curvándose luego hacia la frente. Algunos animales muy viejos mueren con el cráneo agujereado por sus grotescos colmillos.

A pesar de su inútil aspecto, los colmillos del babirusa, según sugieren algunos zoólogos, son unas importantes armas en las luchas entre machos. Según esta hipótesis, los caninos superiores tendrían una función defensiva, mientras que los inferiores, en forma de daga, serían utilizados para el ataque.

Puesto que estos últimos no pueden afilarse por el roce con los superiores, el macho se ve obligado a aguzarlos activa y frecuentemente contra los árboles. Las marcas de los colmillos superiores de los babirusas de Sulawesi sugieren que su función consiste en bloquear y aguantar los colmillos inferiores del oponente. En la isla de Buru, los colmillos superiores no tienen estas marcas y es probable que los machos los utilicen para atacar a sus contrincantes.

Aparte de los colmillos, el babirusa ostenta otros extraños rasgos que durante muchos años han intrigado a los zoólogos. Más que un cerdo, parece un perro grande y sobrealimentado, con orejas de diablillo, provisto, eso sí, de un hocico de jabalí en el que se insertan las extrañas defensas. La hembra sólo tiene dos mamas y, después de una gestación de cuatro o cinco meses, sólo pare una o dos crías (los cerdos y jabalíes pueden tener hasta doce), en este último caso del mismo sexo.

No es extraño que el babirusa intrigara al naturalista francés Buffon, quien, en su Histoire naturelle publicada en 1764, dedica cinco páginas a describir este curioso animal. La imagen gráfica del babirusa, sin embargo, no se conoció en Europa hasta medio siglo más tarde, con la publicación del diario del viaje de Dumont d’Urville a bordo del Astrolabe, en 1829.

El babirusa es un animal selvático, activo durante el día, sobre todo por la mañana, pero acostumbrado a la semioscuridad del bosque tropical. Sus habitáis preferidos son los bosques tupidos y húmedos, los densos cañaverales y las orillas de ríos y lagos bordeados de selva espesa. Como todos los suidos, disfruta revolcándose en el lodo Para descansar, construye nidos de paja y se nutre de frutos caídos, hojas y larvas de insectos.

A diferencia de sus primos lejanos, los cerdos y jabalíes, no hoza para buscar tubérculos y raíces. A pesar de su aspecto grotesco, es un animal muy ágil, capaz de correr a gran velocidad y de franquear a nado grandes distancias Así, no es raro que cruce un brazo de mar para llegar a un islote no muy alejado de la costa. Sin embargo, su presencia en la isla de Buru, muy alejada de Sulawesi (esta isla se encuentra en el archipiélago de las Molucas), y posiblemente en la de Sula, mucho más cercana, se debe a su introducción por el hombre.

El babirusa es un animal sociable que suele desplazarse en pequeños grupos por la selva-y las orillas de ríos y lagos, revelando su presencia con suaves gemidos. Sus crías no tienen la piel rayada y son más precoces que las de los otros cerdos silvestres; cuando apenas tienen diez días de vida ya empiezan a ingerir alimento sólido.

La longevidad máxima registrada es de 24 años. La mayoría de estos datos se han obtenido con ejemplares cautivos, porque el babirusa es muy tímido a pesar de que en Sulawesi no existen predadores de gran tamaño. En estado salvaje, está constantemente sobre sus guardas como si fuera un antílope, levantando la cabeza cada tres pasos para escuchar y otear los alrededores.

Los babirusas jóvenes suelen ser capturados por los nativos para domesticarlos. Pero también persiguen por su carne a los ejemplares adultos, capturándolos mediante cercas de estacas y redes, a las que conducen a los espantados animales.

La especie está legalmente protegida desde hace muchos años, pero sus efectivos han sufrido una drástica reducción a causa de la caza excesiva y la destrucción de su biotopo. En 1986, la población total de animales salvajes se estimó en unos 4.000 individuos. La UICN lo considera vulnerable y la CITES lo incluye en el Apéndice 1.

La cátedra de Zootecnia de la Universidad de Ujung Pan-dang (la ciudad más importante de Sulawesi, en el SO) está realizando un programa de investigación y desarrollo de líneas domésticas de babirusa y también de otras especies, como el jabalí de las Célebes (Sus celebensis) y los anoas, afamados por el buen sabor de su carne.

El objetivo último de este programa es el desarrollo de auténticas razas domésticas, o bien de híbridos con otras especies más convencionales, como el jabalí o el cerdo (o el búbalo, en el caso de los anoas). Confiemos en que este programa promueva un interés suplementario por la conservación y el estudio de estos extraños seres.

Es muy difícil observar al babirusa en estado salvaje. La única zona que puede permitir su observación es el Parque Nacional Lore Lindu, situado a unas pocas horas de distancia de Palu, la capital de la provincia de Sulawesi central. Maurice Patry, famoso guía de safaris francés, tuvo que organizar diez expediciones por el N y el centro de Sulawesi antes de poder tomar la primera fotografía.

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