Aye-Aye

El Aye-Aye está en peligro de extinción

Nombre científico: Daubentonia madagascariensis

especies en peligro de extinción
El aye-aye es el primate más extraño, tanto por su apariencia como por sus costumbres. Sus grandes orejas de murciélago y sus ojos refulgentes y grandes le dan una apariencia espectral, como de pequeño diablillo. Por otra parte, sus enormes incisivos, que le permiten cizallar la madera sólida y gruesa, y su cola poblada, que cuando se desplaza lleva arqueada sobre la espalda, recuerdan tanto morfológica como ecológicamente a la ardilla.

No es extraño que los nativos de Madagascar teman a este curioso lemúrido, cuyo solo contacto es, según ellos, suficiente para causar la muerte. De hecho, este animal está envuelto en un tabú tan fuerte que, hasta hace muy poco, los investigadores que se arriesgaban a estudiarlo corrían el peligro de morir envenenados por los malgaches, que antes les habían prohibido observarlo. Los zoólogos franceses que fotografiaron por vez primera este animal —Jean-Jacques Petter y su esposa— tuvieron que alimentarse de conservas y cocinarse ellos mismos el arroz. Actualmente, estas supersticiones están desapareciendo y los jóvenes ya no creen, como los campesinos más viejos, que el aye-aye sea la causa del infortunio.

Hoy los campesinos malgaches no suelen matar al aye-aye por razones supersticiosas o mágicas, pero en la región vecina de Mannanara, donde este raro lemúrido sobrevive royendo discretamente los cocos tiernos de las plantaciones, es perseguido sin tregua. La causa más importante de la disminución de los efectivos de aye-aye es la rápida y acusada deforestación de las selvas orientales de la isla. Hoy sólo sobreviven unas pocas poblaciones, reducidas y aisladas, en las selvas costeras del NE (y quizá del NO) de la isla.

En 1967 se capturaron algunos ejemplares para soltarlos en la isla de Nosy Mangabé, frente a la costa nororiental de Madagascar; la población que hoy vive allí está totalmente protegida, porque la isla fue declarada reserva integral por el gobierno de Madagascar a instancias del matrimonio Petter. En 1985 fue descubierta otra pequeña población en una pluvisel-va situada a unos 900-1000 m de altitud en el centro E de Madagascar. Sin embargo, la pequeña reserva de Nosy Mangabé y el descubrimiento de otras pequeñas poblaciones relictas no es motivo suficiente para despreocuparse de la conservación de este primate, único tanto por sus extrañas formas y costumbres como por su posición sistemática. Pero, si no se crean nuevas reservas, el futuro del aye-aye está seriamente comprometido.

El aye-aye es un animal de hábitos nocturnos. Durante el día duerme en un nido construido entre la espesura del follaje, en la horcadura de un árbol grande. Suele ocuparlo varios días antes de construir otro nuevo, ya que su compleja construcción exige muchas horas de trabajo, quizá veinticuatro. Está hecho de hojas y ramitas entrecruzadas; la parte superior es ciega, con una entrada lateral, y el fondo está recubierto de una capa de hojas desmenuzadas.

Al anochecer, el aye-aye abandona el nido para alimentarse, pero tan pronto como aparecen las primeras luces del alba, regresa para refugiarse en él. Durante la noche se desplaza a cuatro patas y con gran agilidad por las ramas de los árboles. También realiza frecuentes incursiones por el suelo del bosque, pero su deambular es mucho más desgarbado porque levanta los dedos para que no toquen el suelo. Utiliza sus afiladas uñas para aferrarse a los troncos y a las ramas más finas; a veces se queda colgando boca abajo de estas últimas, utilizando las garras como ganchos. Para trepar por los troncos verticales da rápidos saltitos.

Las frutas y larvas de insectos constituyen su dieta básica. Según parece, el aye-aye escucha con gran atención los ruidos que producen las larvas xilófagas en la madera en descomposición. A veces, para ver cómo suena, golpea la superficie con el tercer dedo de la mano, que es muy largo y delgado, más aún que los otros cuatro. Cuando ha localizado la presa, arranca la corteza del tronco con sus potentes incisivos y extrae las larvas con su peculiar tercer dedo. Este hábito particular de nutrición, perforando la corteza con sus incisivos y extrayendo las larvas con el largo apéndice, otorga al aye-aye una gran similitud ecológica con los pájaros carpinteros o picos, ausentes en Madagascar.

El aye-aye también utiliza el tercer dedo para asearse, rascarse y peinarse, y para extraer el jugo y la pulpa de los cocos, que agujerea con sus incisivos de filo biselado y curvados hacia adelante. Los incisivos del aye-aye constituyen un caso único entre los primates: como los de los roedores, crecen continuamente, lo cual les permite estar sujetos a un importante desgaste.

El aye-aye es un animal solitario, aunque a veces vive en parejas, acompañadas en ocasiones por un individuo joven. Entre su repertorio de vocalizaciones, grabadas por vez primera por los esposos Petter, constan la voz de alarma, que suena como «rontsit», y la de contacto, un agudo «crii». Ambos sexos suelen marcar su territorio con la orina. También muerden las ramas de los árboles con sus potentes incisivos, dejando unas extrañas marcas cuyo significado todavía no ha sido desvelado (el aye-aye no es el único prosimio que deja señales muy crípticas). A veces adoptan este peculiar comportamiento con respecto al hombre: el aye-aye se agarra con sus brazos al brazo o la pierna de su cuidador —literalmente, lo abraza— y aprieta la piel con sus dos incisivos, provocando una extraña sensación en el límite del dolor.

Se supone que la reproducción del aye-aye tiene lugar cada dos o tres años y que sólo nace una cría, aunque Petter capturó un macho de un año y una hembra de dos que probablemente eran hermanos. La hembra cría a su progenie en un nido. La longevidad máxima registrada en cautividad —téngase en cuenta que los especímenes cautivos son raros— es de 23-25 años.

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Aye-Aye (Daubentonia madagascariensis)

 

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