Addax

El Addax está en peligro de extinción

Nombre científico: Addax nasomaculatus

cuales son los animales en peligro de extinción

Addax

El addax es un antílope de gran tamaño que en verano adopta un color casi blanco y luce una elegante peluca de color castaño a negruzco. Delante de este curioso copete, que parece un peluquín, ostenta una distintiva mancha blanca. Sus magníficos cuernos espiralados miden 76-90 cm de largo.

El addax es el antílope mejor adaptado al desierto. Sus pies anchos y carnosos le permiten moverse con comodidad por las dunas más movedizas, y sus largas pestañas protegen sus ojos de las tempestades de arena. Su especial fisiología le permite vivir largos períodos de tiempo sin beber agua, y suple sus necesidades vitales de líquido con la humedad de las plantas que constituyen su dieta. Sin embargo, cuando encuentra abundante agua suele hacer amplio acopio, bebiendo enormes cantidades.

Para conseguir su disperso alimento a veces recorre grandes distancias. Afortunadamente, tiene una habilidad notable para detectar a gran distancia las manchas de la áspera vegetación desértica. Su perfecta adaptación al medio desértico le permite gozar de una excelente condición física, a pesar de la adversidad de su habitat.

De hecho, la aridez extrema del habitat favorece una estructura social sólida. Normalmente se desplaza en manadas de 5-20 ejemplares, conducidas por un macho viejo. El acceso a la manada está cerrado a los forasteros, y las hembras excluyen a los competidores de los escasos recursos disponibles con sus potentes cuernos.

Dentro de la manada, tanto los machos como las hembras establecen relaciones jerárquicas. Por analogía con los oryx, antílopes emparentados con el addax, se supone que los machos siempre dominan a las hembras, aunque los machos subadultos están sometidos a la autoridad de las hembras de más alto rango. En un grupo de hembras cautivas se observó una rigurosa jerarquía, aumentando el carácter dominante con el paso de los años.

Las poblaciones salvajes de addax suelen reproducirse en invierno o a principios de primavera. Los animales cautivos se reproducen durante todo el año, pero muestran una mayor tendencia a dar a luz en primavera e invierno. La gestación dura unos nueve meses, tras los cuales suele nacer una sola cría. El intervalo entre partos es algo menor de un año. Las hembras alcanzan la madurez sexual el segundo o tercer verano de su vida. La longevidad máxima registrada es de 25,33 años.

El addax, que se puede domesticar fácilmente, proporciona una carne y una leche cuya calidad es comparable a la del mejor ganado vacuno. Los antiguos egipcios ya lo mantenían en un estado semidoméstico. Los personajes de las cortes faraónicas eran propietarios de grandes rebaños. Un sacerdote de la VI dinastía, por ejemplo, llegó a reunir un rebaño de 1.224 cabezas que eran cuidadas por un pastor.

El rendimiento del addax en carne y leche es muy superior al del ganado vacuno en las zonas áridas del N y E de África.

Su consumo de agua es, además, mucho menor, y no provoca la erosión por sobrepastoreo, como el vacuno. El addax sería, por tanto, un excelente candidato para la explotación ganadera o el «game ranching» (ranchos de antílopes en estado semisalvaje que combinan la actividad cinegética con la estrictamente ganadera), si no fuera por la escasez de sus efectivos actuales que, de momento, impiden realizar este tipo de experiencias.

Protegido hasta épocas bastante recientes por su inhóspito medio ambiente, el addax era un animal muy abundante. A principios de siglo, un observador contó unos 400 ejemplares en Sudán en un solo día. En 1974 vivían todavía en el Chad, uno de los últimos reductos de la especie, unas 5.000 cabezas.

Sin embargo, de unos años a esta parte, el addax se ha convertido en presa fácil para los cazadores montados a caballo camello, o motorizados y provistos de armas modernas. Las causas de esta persecución son numerosas. Por un lado, el excelente sabor de su carne y el valor de su piel, muy apreciada por los nativos para confeccionar sandalias y otros tipos de calzado. Por otro, el valor como trofeo de su cornamenta.

Pero, aunque su impacto sea probablemente minoritario, no hay que descartar el valor que atribuyen los árabes y otras etnias al líquido que se extrae de su estómago, al que le consideran con virtudes curativas contra picaduras de animales venenosos. Es curioso a este respeto el sistema que, según F. Rodríguez de la Fuente, utilizaban los nemadís de Mauritania para obtener el preciado líquido.

Excavaban un agujero en el suelo y lo forraban con la piel del addax; luego vertían el contenido del estómago, especialmente del cuajar, haciéndolo pasar previamente sobre los cuernos, que actuaban como filtro.

Otras causas de su declive son la reciente y progresiva sequía crónica del África transahariana y el turismo: los turistas occidentales les persiguen en vehículos de todo terreno, generalmente para observarlos, y provocan su muerte por agotamiento.

A pesar de ser muy abundante en otros lugares, en 1805 se observaron los últimos ejemplares al S de Túnez y, a principios de los años 20, unos soldados franceses abatieron la última manada argelina.

Sin embargo, durante la II Guerra Mundial, el addax era habitual en diversas zonas del N de África. Los soldados norteamericanos pudieron observarlo con frecuencia en sus periplos por el desierto, y en las cartas que escribieron a sus familias lo describían como un gran antílope blanco.

Más recientemente, la caza incesante con armas modernas ha provocado la desaparición de sus poblaciones en la mayor parte de los territorios de su rango original. En la actualidad sólo quedan pequeños grupos en puntos muy dispersos del Sahara. Las poblaciones residuales también han sufrido una drástica disminución, y hoy la única manada viable —unos 100-200 ejemplares— se encuentra en el NE de Níger.

La UICN considera el addax en inminente peligro de extinción y la CITES lo incluye en el Apéndice 1. Afortunadamente, el gobierno de Niger, país donde vive el 30% de los efectivos totales de la especie, habilitó una zona de 8 millones de hectáreas para su protección integral, contando para ello con el apoyo de la WWF y la UICN.

Además, existen más de cuatrocientos ejemplares en cautividad en distintos zoológicos y se está intentando reintroducirlos en otros lugares, incluso en algunas zonas ajenas a su habitat pero que garantizan mejor su supervivencia, como, por ejemplo, el desierto del Negev, en Israel.

animales en peligro de extinción

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.